¿Seguro que es por el déficit?

Hoy, leo en El País, el siguiente titular, “El Gobierno decreta un parón en las renovables para taponar el déficit“, con ello se espera dejar de gastar unos 7.200 millones de euros. Hay aspectos de esta medida que ya quedan reflejados en la noticia, como por ejemplo, el hecho que las primas a las renovables no salen de los Presupuestos Generales del Estado, sino de las facturas del consumidor, o los efectos que esta medida puede tener sobre uno de los pocos sectores de la industria española en auge y creadores de empleo. Más allá de ello, con esta medida queda claro que el mismo gobierno que está dispuesto a invertir en cementerios nucleares no esté dispuesto a invertir en renovables. Esta cuestión quedó también comentada en una entrada anterior, así que tampoco ahondaremos en ella; pero ya que últimamente nos pasamos la vida buscando de dónde arañar euros al gasto, voy a dar una idea.

Si se miran las estadísticas de Balanza de Pagos que proporciona el Banco de España, se observa lo siguiente: en 2010, como lo fue en todos los años anteriores, el principal renglón de las importaciones de la balanza comercial es el de los productos energéticos. En 2010 más de 35.000 millones de euros se destinaron a este concepto (casi 5 veces más que lo que el gobierno pretende ahorrar con el no pago de primas a las renovables y un 60% de lo que pagamos al exterior por compras de bienes). Además, como grupo, a quien España compra más es a la OPEP y la CEI. Lo que debe querer decir que buena parte de esta factura es por la compra de petróleo crudo y de gas natural.

Si se piensa que:

a) nuestras importaciones arrojaron estas cifras en un año en el que el precio del crudo no fue excesivamente alto -además de beneficiarnos de una relación euro/dólar que no acaba de bajar- y

b) en España, tenemos un grave problema de financiación externa

Parecería más lógico buscar la manera de reducir -para siempre- una factura energética exterior, que es muy superior a la de las renovables, que acabar con la posibilidad misma de un nuevo modelo energético . Comparando cifras, lo coherente es esta conclusión.

Sin embargo, como frecuentemente digo, en política energética lo de menos son las cifras y los costes, y lo de más lo que impone la industria energética main-stream. La medida que acaba de adoptar el gobierno es una prueba más de ello. Sólo queda un consuelo, que en esta cuestión “Spain is not different”. En los últimos días, si se sigue la prensa del país vecino, descubriremos que la crisis económica ha barrido el discurso político-verde, mientras miembros del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri) justifican un redoble en lo nuclear, argumentando que en cuestiones de política energética la ideología es una mala consejera. Personalmente, con el simple esbozo de datos que aquí muestro, tengo mis dudas.

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