Carbón limpio: oxímoron energético

Les invito a que visiten las páginas del Clean Coal Centre de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, en su acrónimo en inglés) o las páginas referidas a esta cuestión de la World Coal Association (WCA). En ambas encontrarán vídeos del tipo del que aquí les enlazo.

En este mundo energético en transición -como lo califiqué en mi anterior entrada- no puede ser casualidad que una de los principales asociaciones de la industria petrolera occidental, la IEA, y una de las principales asociaciones de la industria carbonífera, la WCA, lancen, a la vez, el mismo mensaje: hasta que no podamos tener un modelo energético basado en las renovables, la única solución es el carbón limpio. Así, para los integrantes del “mundo fósil”, el carbón limpio se presenta como la solución de tránsito –de transición- entre el petróleo y las renovables.

Las formas de obtener energía fósil limpia son diversas, pero todas tienen en común que: a) despojan de CO2 la producción de energía secundaria (combustible o electricidad), b) capturan el dióxido de carbono, y c) lo almacenan en depósitos subterráneos o submarinos. Para todo ello se requiere una sofisticada tecnología y unas considerables infraestructuras, que aúnen una central térmica, una planta química, una planta de alta tensión y un circuito de COductos que canalice y almacene el residuo.

Si todo esto se considera con una mirada crítica, se llega a la conclusión que el objetivo real, de lo que se engloba bajo en manto del clean coal, no es ser tránsito hacia otro modelo energético, sino preservar el actual, convirtiéndolo en aceptable para los ciudadanos del Siglo XXI. En mi opinión, las llamadas clean technologies, sólo son la forma de limpiar la imagen de la energía fósil, haciendo que “algo cambie, para que todo siga igual”.

¿En qué argumentos baso mi afirmación?

  1. Extraer el CO2 del petróleo y el carbón, como se puede intuir por el vídeo y las referencias que se presentan en esta entrada, es más costoso (al menos, a los conceptos de costes “habituales” de producir energía útil a partir de energía fósil, se le añaden otros dos el de la planta química y el del sistema de COductos y almacenamiento del residuo) que el modelo energético vigente. Sin embargo, y a diferencia de lo que ocurre con las renovables, este mayor coste no se presenta como un impedimento para su desarrollo e implementación. Es más, se pide su inmediata generalización.
  2. Invertir, ahora, en complejísimas instalaciones e infraestructuras de coste elevado, no se puede considerar una fórmula de transición, pues como ocurrió con las nucleares, se tardarán décadas en amortizarse y, cuando, finalmente ocurra, es muy fácil que, como acontece ahora, se argumente que “lo más barato” es alargar la vida útil de las centrales de carbón limpio. Es decir, que apostar por las clean coal technologies es postergar al menos para medio siglo el invertir en un modelo de fuentes renovables.
  3. Quién está presionando para que se presente como única alternativa “realista” un modelo basado en la energía fósil –limpia- es un grupo de interés compuesto por la industria energética Occidental de “toda la vida”, que, como es obvio, no tiene ningún interés en perder su posición dominante en el mundo. Este grupo es el de los grandes grupos carboníferos, como Rio Tinto –en veloz adaptación de sus estructuras, desde unas más propias del capitalismo manufacturero del Siglo XIX a las que se adaptan al capitalismo financiero-global del Siglo XXI- y el de los grandes conglomerados petrolíferos transnacionales que, después de su inmersión por el mundo del gas, están redefiniendo el “mundo fósil” de forma más amplia (petróleo, gas y carbón). La creación del Clean Coal Center en el seno de la institución, paradigma de los intereses de la industria petrolera occidental –la IEA-, o el hecho de que el Royal Bank of Scotland (propiedad en un 82% de un Gobierno –el Británico- que declara apoyar la energía limpia) haya financiado de forma preferente a grandes industrias del carbón, del petróleo y del gas (64 mil millones de Libras esterlinas) frente a la de las renovables (3 mil millones de Libras esterlinas), son indicios que la renovación de la industria energética fósil pasa por este tipo de “lavado” de imagen, que mantendrá intactas las estructuras del poder energético actual.
  4. Cualquier propuesta de crear energía fósil limpia, extrayendo CO2, se adapta a la perfección a la ideología económica dominante, que es la de la política ambiental-energética mainstream. La política que contabiliza la sostenibilidad del modelo en términos de emisiones de CO2, a los que se les asigna propietario, mercado y precio, y la que tiene como objetivo –como recordaba en mi entrada anterior- preservar el status quo del conglomerado petrocarbogasístico.

En el futuro haré nuevas aportaciones sobre lo que puede significar este resurgir del mundo fósil en pleno Siglo XXI, pero como aperitivo a ello, baste pensar, a partir de lo aquí escrito:

a)     que quién nos hace la propuesta son las grandes asociaciones representativas de la industria fósil internacional (IEA, WCA…);

b)    que frente a un modelo descentralizado de producción de energía, la única diferencia con el modelo energético actual, es la apuesta por complejas y tecnológicamente sofisticadas infraestructuras que separan y almacenan residuos, cuyos futuro y costes son difícilmente previsibles;

c)     que apostar por este tipo de tecnologías “limpias” es detraer recursos para otras opciones, no sólo limpias, sino, además, renovables y “locales”;

d)    que entre aquellos que apuestan por las clean coal technologies, como la gran panacea para combatir el cambio climático, se está gestando una extraña alianza que aúna lo más retrógrado y conservador de “cada casa”.

Ante todo ello, no se si tendremos que descartar de nuestro vocabulario la frase hecha de “más sucio que el carbón” o si lingüísticamente deberemos redefinir lo que es un oxímoron. Por mucho que nos empeñemos, el carbón no es limpio. Pero en una sociedad lingüísticamente tan sibilina como la nuestra, este es el término que emplearemos para justificar que el cambio de modelo energético tan sólo es adaptar la industria energética hegemónica decimonónica a los criterios del Siglo XXI. Hablar de carbón limpio es decir que la industria energética se ha vuelto políticamente correcta –limpia- y que sus estructuras se adaptan a esta nueva –y nefasta- fase del capitalismo. Si dudan de mis palabras, esperen a ver cómo proliferan las fusiones y adquisiciones en el sector del carbón, cómo evolucionan las incipientes plazas en las que se negocian sus contratos y los mercados de los derechos de emisiones de Co2…

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