De Eurovegas, la religión y el cambio climático

Reconozco que entre las poquísimas buenas noticas que tenemos en estos tiempos, las declaraciones del Padre Abad de Montserrat, Josep María Soler, contra Eurovegas, son una excelente noticia. Soy una persona laica, y mis amigos me consideran muy racional, pero admito que leer las declaraciones del Abad, me ha hecho sentir que estaba del lado de los justos. Alguien que haya vivido los suficientes años en Catalunya sabe lo siguiente, como institución, Montserrat, sólo habla cuando las causas son justas. Lo hizo en el tardofranquismo, apoyando a la Assamblea de Catalunya y lo hace ahora con Eurovegas. De ahí, mi emoción, pues, aunque atea, le concedo una autoridad moral al Abad de Montserrat muy superior a la que estoy dispuesta a admitir para la mayor parte de la “clase” política catalana. Esta autoridad moral se la concedo, por la justeza de sus causas y por las razones con que las que la apoya; no por causa de religión y, muchísimo menos, por creer que Dios ha de intervenir en los asuntos del César.

Esta introducción viene al caso por dos razones. La primera, aunque sea desde este modesto blog, por celebrar esta intervención y por felicitar a quienes la han propiciado. La segunda razón -que es la que realmente justifica esta entrada- es que esta incursión de un religioso en la política y polis catalana, coincidió con mi lectura de un artículo de Andrew Brown que se titula If we are to cope with climate change we need a moral order. Este artículo refiriéndose a un artículo de Nature, Why we are poles apart on climate change?, polemiza sobre qué tipo de personas son los negacionistas del cambio climático.

Creo que la conclusión a la que llega Brown es que los que niegan el cambio climático no lo hacen ni por ser irracionales, ni porque se hayan dejado influir por los “suyos”, sino porque el problema reside en que no hay un “valor” cambio climático que podamos “colocar” en nuestra escala de valores.  Ante ello, apunta que la solución sería el uso de religious resources. Aclara, el autor, convenientemente, que para él religión no implica necesariamente teísmo. Sin embargo, emplea el término religioso, contraponiéndolo a la norma del neoliberalismo económico.

Esta forma de razonar me ha llamado mucho la atención, pues pareciera que igual a que, en tiempos, la religión se veía como la vacuna contra el materialismo soviético; ahora, se viera como el antídoto para la barbarie del capital.

En realidad, lo que el autor nos dice es que si existieran estos religious resources, existiría una preferencia moral por la que, encima de todo: a) “nos” convenceríamos de que preservar el clima, el territorio y el planeta es algo intrínsecamente bueno y, b) aceptaríamos sin contestación –y disciplina- las medidas que se impusieran con tal fin.

Este tipo de razonamientos me parecen engañosos. No puedo entender que los humanos cuando hablemos de moralidad necesitemos referirnos a la religión; no puedo entender que sólo por una cuestión de pertenencia a un credo podamos considerar, por encima de todo lo demás, que las causas son buenas o justas. De hecho, si sigo leyendo el comunicado del Abad de Montserrat, entiendo que sus argumentos contra Eurovegas son eso, argumentos, no dogmas de fe.

Efectivamente, creo, como argumenta el Padre Abad, que si apoyamos iniciativas que conducen a una mayor explotación de nuestros semejantes o de nuestro entorno, tenemos un problema moral. Por ello, coincido con la idea del artículo de Brown de que para salvar el planeta –y, de facto, salvarnos a nosotros mismos- debemos re-moralizarnos. Como coincido con el Abad Soler, en que la única salida a la crisis es una “nueva” cultura fundada en el humanismo. Pero discrepo en que estos valores y este humanismo sólo nos puedan llegar a través de la religión –al menos, mientras ésta vaya asociada a la Iglesia. Debe ser mi ignorancia en materia religiosa, pero hay tres cuestiones que me preocupan mucho del artículo de Brown. La primera es que se quiera que la humanidad acepte –sin razonamiento previo- lo que le conviene; la segunda es que estemos pidiendo al déspota ilustrado – o ¿era religioso?- que nos lo imponga; y la tercera es que aceptemos que el modelo a seguir –aunque laico- sea el de la Iglesia, ya que entiendo es la única institución religiosa con capacidad de disciplinar. En fin, que bajo la preservación del orden moral, aceptamos un orden –benévolo, si se quiere- pero dictatorial.

Soy la primera que acepto que para salvar el Ártico o el Delta del Llobregat hemos de adoptar una nueva ética (de ahí el subtítulo de mi blog), pero me niego a que esta forma de pensar implique revalorizar la religión, frente a la razón. Es cierto que en lo que se refiere a las cuestiones medio-ambientales es muy difícil establecer la verdad científica, pues creo que hasta que no llegue el fin del mundo, no tendremos la prueba empírica irrefutable de que el neoliberalismo voraz destruye el planeta, pero, desde mi punto de vista, esta no es motivo suficiente para  decir que si no podemos tener la verdad científica –la razonada-, debemos adoptar la verdad religiosa –el dogma. Si se cree esto, lo diga quien lo diga, estará más cerca de los negacioncitas del cambio climático que de los “buenos” ambientalistas.

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