La lección de la tragedia de Fukushima

Hoy se ha presentado en el Center for Strategic and International Studies el informe oficial sobre el accidente nuclear de Fukushima, elaborado por una comisión independiente por encargo de la Dieta de Japón. Quién lo ha presentado es el Chairman de esta comisión el Doctor Kiyoshi Kurokawa. Aunque yo he asistido al acto, un poco atraída por el título, al iniciarse éste, me he dado cuenta de la suerte que había tenido de poder asistir a él. Suerte, porqué, si he entendido bien, era la primera presentación del informe en Estados Unidos, coincidiendo, y parece que ello ha sido casualidad, con la publicación on-line del informe, completo, en inglés; suerte, por poder escuchar, en vivo y en directo, el relato del Sr. Kurokawa, como primera persona responsable del primer informe oficial independiente que se realiza en la historia del Japón constitucional –el de después de la Segunda Guerra Mundial-; y suerte por escuchar unas conclusiones valientes y que, si alguien les hace caso, podrían tener repercusiones enormes para Japón, claro está, pero también para todos aquellos países con instalaciones nucleares en su territorio. Sólo llegar al acto, me han dado el resumen del informe, en el que se incluye el mensaje inicial de Doctor Kurokawa. Sólo este mensaje es, ya, demoledor: (…) the accident at the Fukushima Daiichi Nuclear Power Plant cannot be regarded as a natural disater. It was a profoundly manmade disaster. (…) This was a disaster “Made in Japan” (…) Following the 1970s “oil shocks”, Japan accelerated the development of nuclear power (…) It was embraced (…) with the same single-minded determination that drove Japan’s poswtar economic miracle. With such a powerful mandate, nuclear power become an unstoppable force, inmune to the scrutiny by civil society (…).

En su explicación oral -también en el conjunto del informe- el Doctor Kurokawa ha insistido, y mucho, en los aspectos que han propiciado esa inmunidad de la industria nuclear al escrutinio de la sociedad civil. Según él, tres son las causas: el monopolio de las compañías eléctricas que gestionan las centrales nucleares, la captura de los órganos reguladores y legislativos, por parte de este monopolio, y una estructura japonesa de gestión totalmente jerárquica en la que nunca se cuestiona la autoridad del superior. Entre el público, varias personas le han preguntado si aquello que él contaba no era aplicable también a Estados Unidos. Su respuesta ha sido que, puede que la captura sea la misma, pero que en USA hay más transparencia y más cuestionamiento de las decisiones que se adoptan o dejan de adoptar. Es cierto que si una piensa que el informe, que hoy se ha presentado, es el primer informe oficial independiente -y participativo- en la historia del Japón contemporáneo, el hombre tenía razón. Pero, yendo más allá, lo que yo me he preguntado, pensando en España, es si realmente existe una diferencia entre Japón y nosotros si, en ambos casos, los monopolios eléctricos capturan la política energética, son los que, de facto, nos “informan” sobre las ventajas e inconvenientes de cada opción energética, deciden las regulaciones y lo que es seguro y lo que no. Es cierto que, en España, el movimiento antinuclear ha tenido sus victorias; también muchos fracasos. Sin embargo, en estos últimos años, creo que lo que el Doctor Kurokawa nos dice para el caso de la industria nuclear en Japón, serviría para España, en nuestro caso unas pocas empresas controlaran todo el espacio eléctrico y son las que, aunque no exista esta estructura jerárquica incuestionable, han capturado, también, el discurso. Lo vemos con nuestra factura, lo vemos con una errática política energética, corto placista, que sólo puede explicarse por la estrategias de beneficio inmediato de los accionistas eléctricos. Lo vemos con el vaivén de legislaciones contradictorias, y, lo hemos visto con el abandono de las eléctricas –cuando lo han tenido que pagar- de Garoña. Y, está claro, lo vemos en la relativa –aunque, quiero pensar, creciente- poca oposición que todo ello tiene. Para mi, hoy, después de tener el privilegio de escuchar a este ponente, tengo una cosa muy clara: el mayor riesgo de un determinado modelo energético no es si contamina más o menos, si es más caro o menos, si está basado en un recurso finito o no. El mayor riesgo es si pocas, y poderosas, empresas lo controlan, pues con su poder absoluto, nos tendrán en sus manos y tendremos que pensar y hacer lo que ellas quieran. Como, creo, he dicho en otras entradas, no hay ninguna forma de producir energía segura, siempre puede ocurrir un accidente imprevisto. Esta incertidumbre es el precio que los seres humanos pagamos por tener un mayor bienestar (cada uno o una decidirá lo que entienda por él). Pero, ante ella, lo que realmente es justo es explicitar que este riesgo siempre existe. En una sociedad democrática –de verdad- los ciudadanos, siendo conscientes de esos riesgos, decidiremos qué es lo que queremos y lo que no. Realmente, esto es lo más relevante de este informe. Decir, como valientemente ha hecho hoy el Doctor Kurokawa, que el accidente ocurrio porque no se dieron las condiciones para que la sociedad civil -¿los ciudadanos?- supiera y actuara en consecuencia.

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