El disparate de Iraq (2) o de estos polvos vinieron estos lodos

Ayer, leí en el periódico que … now though, Kurdish officials and locals alike appear more tempted than ever before to make a direct play for Kirkuk’s oilfields… Al leerlo me dije que podría ser que después de la que Turkish Petroleum Company (TPC) se convirtiera en la Iraq Petroleum Company (IPC), ahora ésta se acabe convirtiendo en la Kurdish Petroleum Company (KPC).

La TPC se creó en 1912. Su arquitecto fue, el en este blog nombrado inefable, Calouste Gulbenkian, y sus socios el Banco Nacional de Turquía, el Deutsche Bank (DB) y la Anglo – Saxon Oil Company, que era una filial de la Royal Dutch Shell. Cerca de allí, en Persia, un oscuro personaje, William Knox D’Arcy había logrado una concesión que abarcaba todo el territorio de Persia. De allí, nacería la Anglo Persian Oil Company (APOC), precursora de la British Petrolem, que todavía en 1919 era considerada por el Petroleum Executive británico una smaller Company. De hecho, en esas fechas poco petróleo salía de Irán. Sin embargo, en 1919, esa pequeña empresa, que prácticamente no producía nada, fue la gran baza de los británicos para asegurarse un lugar en el “mundo del petróleo”.

La historia es larga y rocambolesca, pero sus principales hitos son los que paso a relatar. En marzo de 1914, D’Arcy, como tapadera de la APOC, firma un acuerdo con la TPC, mediante el cual su grupo pasa a controlar el 50% de la TPC, mientras que el DB y la Anglo – Saxon se repartían, en partes iguales el resto; y el inefable se quedaba con una comisión del 5% en todos los acuerdos, presentes y futuros, que hubiere en el marco de las fronteras del Imperio Otomano. De ahí, su apodo de Mr five Per Cent.

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Virtualmente, ello significaba que en 1914, sin prácticamente comercializar ni una gota de petróleo la APOC pasaba a controlar casi todo lo que aparece en verde oscuro en el mapa y toda su derecha, que era Persia.

En Marzo de 1914, todavía quedaba un obstáculo: el “casi”. Éste, era la zona en la que, una vez ya modificada frontera con Persia, en el mapa queda a la derecha del Tigris. Esta franja formaba parte de una concesión hecha a la Anatolian Railway Company (ARC), creada por el Deutsche Bank -cuya historia del ferrocarril desde Bagdad a Berlín inspiró a escritores y espías. Como era la costumbre de la época, en este tipo de concesiones, la ARC tenía derecho a explorar y extraer los recursos minerales y naturales ubicados en el margen adyacente al trazado del ferrocarril. Así, en marzo de 1914, de forma poco clara también, la TPC heredó este derecho. En Junio de 1914, el Gran Visir daría contenido a este derecho, otorgando una concesión para Mosul y Bagdad, aunque ningún detalle quedara fijado.

El 28 de julio de 1914, después de meses de negociaciones, el Gobierno británico adquirió el 51% de las acciones de la APOC, y unos días después, al estallar la guerra, este mismo gobierno posó a custodiar los activos del Deutsche Bank. En diciembre de 1919, a través de un hombre de paja, los británicos compran por 21.000£ la participación del DB en la TPC. Por tanto, por un tiempo, exceptuando la participación holandesa (que sería el 60% del 25% que la Anglo- Saxon tenía en la TPC), los británicos controlaron el total de las concesiones de petróleo de Oriente Medio. En los documentos de la época queda claro que esta era su objetivo y su gran baza de cara a sus negociaciones en la Conferencia de Paz de París.

Desde este punto de vista, la Guerra fue providencial para los británicos, que llegaron al mundo del petróleo tarde. Probablemente, porque nunca pensaron que, en sus palabras, la supremacy of the British Empire […] bulit up [on] its indigenous coal resources, se vería cuestionada por un producto que, hasta la Primera Guerra Mundial, servía básicamente como aceite de quemar (queroseno) en las lámparas.

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Supongo que es esta incredulidad la que les hizo cometer, en términos de poder geo-energéticos, dos errores garrafales: a) adaptar, en 1913, la flota a los motores de petróleo, lo que les convirtió a lo largo de todo el conflicto en extremadamente dependientes del petróleo americano, y b) repartirse con los franceses, en 1916, el Imperio Otomano -el llamado acuerdo Sykes-Picot- que dio a los franceses (zona lila y azul en el mapa) los territorios por los que debían pasar los oleoductos, para trasladar el petróleo al Mediterráneo.

Ante ello, los británicos acudían a la Conferencia de Paz con un “as bajo la manga”, pero pensando que tendrían que negociar con los franceses. Su  objetivo era asegurarse el control del número máximo de yacimientos petrolíferos y reforzar el control sobre lo que ya tenían. Y esto último suponía asegurar su control sobre Persia y Mesopotamia. En uno de los documentos del Petroleum Executive, preparatorios de la Conferencia de Paz se lee: The Anglo-Persian Oil Company is already firmly established in Persia, but in Mesopotamia debatable concessions have from tiem to time been granted and many rival claims will be put forward. It is urged that British control shold be secured at least over the whole Vilayets of Mosul and Baghdad and that in any territorial adjustment in Syria or elsewhere wayleaves for pipelines etc […]. Aunque al final del mismo, se aclare que […] the importance of securing such control is not affected by the fact that it may be desirable to co-operate with, say, French interests […]. El pacto con los franceses se produjo en 1920, sin embargo, en su forma original nunca acabó de llevarse a cabo, pues meses después los americanos reclamarían su parte del botín.

Para ponerse de acuerdo definitivamente, se tuvieron que esperar unos ocho años, pues se movieron fronteras, desmembraron imperios, crearon países, destruyeron empresas y fundaron compañías petroleras; pero lo esencial ya estaba allí: se había señalado a Oriente Medio como “productor” de petróleo internacional y se había fijado qué tres países apadrinarían a las majors petroleras internacionales. La levadura madre de ello es esa parte de Iraq que hoy se desliga.

Contado así, todo parece un disparate, pero reconozco que hay una parte de esta historia que me fascina, por su extrema perversidad. Todavía hoy me cuesta creer que el origen de lo que está ocurriendo fuera una improvisación de última hora de un gobierno, cabeza de un Imperio, fundado sobre el power del carbón que no se dio cuenta a tiempo de que el petróleo sería el power del nuevo siglo. Su baza en la Conferencia de Paz fue haber logrado en cinco años el control de la APOC: una compañía vacía, con todo por demostrar, pero gran oleoteniente. Las cosas les salieron menos bien de lo que esperaban al llegar a París, pues al final tuvieron que repartir con más de los que esperaban, pero fue ese cabo suelto, ese espacio entre Persia y Mesopotamia, lo que les permitió seguir estando entre los grandes.

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