Creación y destrucción del Oriente Medio Petrolero Internacional (4)

Nunca seré capaz de escribir esta historia, pues a ella sólo me puedo dedicar cuando tengo vacaciones, y arañando momentos de familia y amigos. En fin, llevo un par de días dedicada de nuevo a la lectura de “mis petróleos”, como algunos de mis amigos cariñosamente les llaman, y acabo de hallar un dato que no sabía.

En las páginas 42 a 47 del primer volumen de The History of British Petroleum Company, escrito por R.W. Ferrier, de la que ya hablé en la anterior entrada de esta serie, se explican las líneas básicas de la concesión que el Sha de Persia otorgó a W. K. D’Arcy en 1901.

Habitualmente, cuando se habla de esta concesión se suele decir que D’Arcy consguió una concesión que abarcaba todo el territorio de la Persia de entonces. En este libro queda claro que la cosa no fue exactamente así. Entonces se renunció a las cinco provincias norteñas de Persia. La razón más probable de ello es que, siendo D’Arcy un súbdito británico, no quiso añadir “más leña” al Gran Juego, estableciendo una concesión británica en una área de influencia rusa. Sin embargo, parece, que esta merced no fue gratuita. A cambio, en el artículo 6 de dicha concesión se establecía that the Persian Imperial Government shall not grant to any other person the right of construction a pipe-line to the southern rivers to the South Coast of Persia.

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Parece, según relata Ferrier, que ello enfureció a los rusos, que tenían planes de construir un oleóducto desde las regiones petróliferas del Caspio -especialmente de Bakú- hacia en Mar Arábico e Índico para abastecer la creciente demanda de petróleo del mercado asiático. Demanda que entonces se satisfacía dando un rodeo por  el Mar Negro, “los estrechos”, el Mediterráneo y Suez.

Mirado este hecho con mis ojos de hoy, me ha llevado a dos reflexiones. La primera es que, más allá de los boicots y bloqueos a Irán, más allá de la creación de la URSS y de la Guerra Fría, fue en 1901 cuando se estableció el bloqueo a la internacionalización del petróleo Cáucaso. Sé que la reflexión va contra el método histórico, pero fue este momento y no otro posterior, cuando el destino petrolero de la región quedó marcado. Me pregunto si las cosas hubieran cambiado si después de la Primera Guerra Mundial, los “rusos blancos”, con el General Denikin al mando hubieran ganado. Los británicos, entonces como pretendían, ¿se hubieran quedado con el control del petróleo del Cáucaso y lo habrían transportado hacia la India?

La segunda es que fue también en 1901, aunque el petróleo del actual Irán no se empezara a explotar hasta unos años más tarde, cuando el destino de Irán empezó a quedar petroleramente anclado a un Oriente Medio, que entonces todavía no existía; y no a Rusia o Asia Central, pues al no construirse los oleductos hacia el sur, y al desconectarse su produción de la del resto de la región del Mar Caspio, su futuro quedó vinculado a su oeste: vinculado al futuro petrolero que pudiera tener el Imperio Otomano.

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Es curioso que esta concesión que se suele atribuir a la genialidad de una persona, D’Arcy, abriera la puerta a la creación de ese Middle East, que tanto soñaron los británicos decimonónicos como los estaounidenses vigesimonónicos -si el vocablo existe. De hecho, como escribe R.W. Ferrier, it was the particular political complexities of Persia which gave the Concession a potential major international signficance.

Veremos qué pasa en el Siglo XXI, pues Irán sigue estando al Este de Suez.

 

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Creación y destrucción del Oriente Medio petrolero occidental (3)

El 19 de marzo de 1914 se rubricó un acuerdo de fusión entre el Grupo D’Arcy ya la Turkish Petroleum Company (TPC).

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Este acuerdo es importante porque establece que la mayoría de la TPC estará en manos “puramente” británicas, siendo el resto lo que corresponde a la parte holandesa de la filial de la Royal Dutch Shell, al Deutsche Bank y a Calouste S. Gulbenkian. Pero, lo más importante es que el 50% del total estará bajo el control del Grupo d’Arcy (germen de la British Petroleum). Grupo que ya tenía bajo su control exclusivo un concesión que abarcaba toda Persia. Este hecho, como ya dijimos y veremos en entradas sucesivas, cambió el rumbo de la historia de la industria petrolera, al convertir las concesiones de Oriente Medio en la pieza más preciada del petróleo internacional.

En el primer volumen de la historia de la British Petroleum, Ronald W. Ferrier apunta este cambio de rumbo, pues escribe It is against this general historical background that William Knox D’Arcy, and Englishman […] was offered in 1900 the chance of acquiring an oil concession in Persia, by a cosmopolitan Persian official […]. D’Arcy was prepared to take the risk in floating an uncertain entreprise to explore for oil. It was simply a personal initiative for profit. It is a mesure of the later fortuitous importance of D’Arcy concession that the most machiavellian of motives have been presumed to account for his investment. In reality the skills of the geologist and the driller discovered oil, not the imagination […] or the gamble of the speculator.

Condiciendo R.W. Ferrier y yo misma, sobre el hecho que la explotación del petróleo de Oriente Medio fue un acontecimiento que modificó el sentido de la historia petrolera mundial, nuestras coincidencias acaban aquí. Pero, no puedo dejar de sentir por él una admiración profunda. De hecho, estoy fascinada -y no exagero- por el virtuosismo narrativo del autor, pues en seis líneas construye un discurso sobre D’Arcy y las concesiones petrolíferas en Oriente Medio, que es la esencia de la historia oficial de la industria petrolera internacional: que ésta es el resultado de la actuación individual de personas “excepcionales” dotadas de determinados atributos.

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William Knox D’Arcy y su mujer en su casa eduardiana: Fuente: The Telegraph; BP a History in Pictures

Entiendo que cuando Ferrier escribe que la concesión persa de D’Arcy se gestó a contracorriente del contexto -histórico- del momento, aboga por la idea de una historia de la industria petrolera realizada por las acciones aisladas, del contexto y del sistema en el que viven, de dos individuos, uno británico y otro cosmopolita. Por tanto, favorece esa visión de que la historia de la industria petrolera es el resultado del “genio” individual, en vez de la de unas conflictivas relaciones de poder. Ello queda claro, al situar a D’Arcy como alguien ajeno a las disputas, ya existentes en ese momento, por el control del mercado mundial del petróleo, que la Standard Oil, la Royal Dutch y la Shell, así como los productores rusos (los Nobel y los Rothschild); como al decir que lo que hizo D’Arcy no tiene que ver con las interpretaciones maquiavélicas que se hicieron después (entre las cuales la mía, supongo)

Pero, en estas líneas se dice más que eso. Se enumeran los atributos de D’Arcy, que son tres:  a) ser británico, con todos los atributos morales que a finales del Siglo XIX e inicios del XX ello implica; b) ser alguien que sólo se mueve -individualmente- por su propio interés, sin intervenir en ello cuestiones del poder político o económico, y por tanto, acuerdo correctamente de acuerdo con el pensamiento económico al uso; y c) ser alguien que basa su actuación en la actuación de los expertos, por ello ésta viene legitimada por el conocimiento, científico de la Geología y la técnica del oficio petrolero.

Todo ello tiene mucha miga, pero como resumen, diremos que según la “historia oficial”, el descubrimiento e inicio de la explotación del petróleo de Oriente Medio es el resultado de un encuentro casual entre un cosmopolita y un hombre comme il faut, cuya actuación sólo fue resultado de una búsqueda experta e “inocua” de beneficio individual. Así, Ferrier,  de un plumazo ensalza la figura del fundador de la British Petroleum, y esconde lo que hubo detrás de estas concesiones, pues desaparece cualquier mención al imperialismo británico y a la lucha por el poder y la hegemonía mundial, que desde la Guerra de Crimea hasta Yalta se libró en el mundo.

A la vista de los datos, y desde mi interpretación del mundo, tres son al menos, las “mentirijillas” de esta descripción: a) no está claro que D’Arcy fuera este hombre que nos pintan. De hecho, y no es broma, da mucho que pensar que D’Arcy sea el único de los petroleros británicos que no fue ni Sir; b) los archivos muestran que hubo una estrecha y sucia colaboración entre el Grupo D’Arcy y algunos departamentos del Gobierno Británico, para lograr tales concesiones, que posteriormente fueron usadas políticamente para configurar un Oriente Medio “a medida” y para que el Reino Unido no perdiera su lugar en el orden mundial; y, por último, y aunque pueda parecer menor -pero cada vez me molesta más que los actos económicos y políticos se escuden bajo una falsa pátina de cientificidad,  c) en esa época el negocio del petróleo era más parecido a un juego de azar que una actividad científica-tecnológica. Otra cosa, es que la jugada saliera bien…

 

 

 

 

El negocio de la energía

Parece ser que esta es la cubierta del libro que he escrito para la colección Los retos de la economía de RBA editores.  Puede que alguno de los lectores o lectoras del blog estén interesados en lo que en él cuento.

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Es un libro divulgativo que RBA resume de la siguiente manera: Desde la Revolución Industrial se estableció una estrecha relación entre el control de las fuentes energéticas y la prosperidad de las naciones. El británico William Stanley Jevons acabaría fijando la otra base del negocio de la energía al teorizar sobre los efectos económicos de la escasez de combustible. Sobre estos pilares se levantó un gigantesco edificio oligopolístico que las energías renovables amenazan con socavar.

 

Creación y destrucción del Oriente Medio petrolero occidental (2)

En la anterior entrada prometí ir desgranando la historia de la Turkish Petroleum Company, pero cuanta más información leo, más pierdo los hilos conductores de este relato.

El fenómeno de la creación -y de las disputas alrededor- de la Turkish Petroleum Company (TPC) es un caso de estudio fascinante, pues constituye uno de esos acontecimientos parcialmente olvidados, pero sin cuya existencia no se entendería la historia de la industria petrolera internacional.

Desde mi punto de vista, la TPC, oficialmente creada en 1912 (aunque ahora yo empiece a tener mis dudas al respecto), fue la primera compañía petrolera internacional del mundo. Por compañía petrolera internacional entiendo, al menos cuatro cosas: a) ser un consorcio formado por empresas -o inversores- de varias nacionalidades; b) ser una compañía cuyo objetivo es extraer petróleo de un territorio distinto de el del lugar de origen de los inversores, para ser comercializado como producto final, en los países de origen de los mismos; c) tener la voluntad de exclusividad -o de dominio- en el reparto de las concesiones en territorios determinados y en los mercados finales; d) ser una empresa cuya actividad cuenta con la protección de los gobiernos de los países de origen de los inversores, siendo estas formas de protección muy diversas.

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Fuente: The Times (London, England), Friday, Jul 02, 1920; pg. 17

Antes de la TPC no existió, propiamente -la Royal Dutch Shell, sería la más parecida, entonces- ninguna empresa que cumpliera con las cuatro características. Ello, no quiere decir que no existieran empresas que comercializaran petróleo por el mundo. Lo hacía la Standard Oil, que exportaba la producción sobrante de Estados Unidos, como lo hacía el consorcio de la Asiatic Petroleum Company, con los excedentes de petróleo de Rusia, pero en ninguno de los dos casos el objetivo principal era extraer petróleo de un lugar del mundo, para ser empleado en otro.

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Sospecho -y sólo es eso una intuición sin corroborar- que el concepto de “petróleo internacional” es un invento británico. Podría haber sido germánico, pero el curso de la historia -y, probablemente, la mentalidad imperial británica- lo impidieron.

Visto con retrospectiva, pareciera que la industria petrolera internacional fuera el resultado de una ocurrencia de alguien en el Reino Unido, a inicios del Siglo XX, que se debió dar cuenta de que la posición hegemónica que Inglaterra tenía gracias al uso intensivo del carbón, podía perderse por la emergencia de un nuevo combustible que era, entonces, abundante en Estados Unidos, Rusia y en Europa oriental, pero no en la Islas británicas. Ese, para mi, fue el momento en el que el Reino Unido puso el ojo en el territorio del Imperio Otomano, iniciando un trágico culebrón  que duraría unos tres lustros, y cuyo resultado fue establecer que la función de los países creados en el espacio del territorio otomano  -llamado Turquía asiática, primero, y Oriente Medio, después- sería la de ser los proveedores de petróleo hacia el resto del mundo.

Quien debía ocuparse de la gestión de esos flujos de petróleo, sería la Turkish Petroleum Company que, a pesar de su nombre, siempre fue “extranjera”. Primero, antes de la Primera Guerra Mundial, germano-británica-holandesa; después de la contienda bélica, fundamentalmente británica; y desde 1928, cuando se reconviertió a Iraq Petroleum Company, anglo-americana (aunque en ella participaran la Royal Dutch y la Compañía Francesa de Petróleo ).

Fue entonces cuando el Oriente Medio petrolero y occidental con las fronteras que hemos conocido a lo largo de los últimos cien años se puso en el mapa. Antes, sin embargo,  los británicos actuando bajo la influencia de un bullying -que no lobby– extremo del grupo D’Arcy o de la Anglo- Persian Oil. Co., hicieron todas las artimañas imaginables, para que una concesión que inicialmente había pertenecido a inversores alemanes, primero bajo el nombre de Anatolian Railway Company y, después, bajo el nombre de Bagdad Railway Company, acabara en sus manos. Este será el tema de la siguiente entrada de esta serie.

Rápido apunte sobre el precio del petróleo

Estos días, todo el mundo habla del descenso del precio del crudo y, lo cierto es que poca gente halla una interpretación coherente a este fenómeno. Yo tampoco, y mi orgullo se empieza a resentir por ello. El pasado jueves, una colega de la facultad entró en mi despacho, esperando hallar una respuesta satisfactoria a la cuestión y, la pobre, se fue sin ella. Sin embargo, como siempre ocurre, el hablar y tener que pensar sobre las cosas, te abre la mente. Al menos, ahora tengo alguna intuición.

No sé el porque del descenso -más que descenso, desplome- del precio del crudo, que debe de haber llegado en términos reales al nivel de la segunda mitad de los 1980s. Pero, el jueves pensé lo que, ahora, plasmo aquí. A ver si con estas ideas, alguien encuentra una respuesta satisfactoria.

En una industria, de facto, altamente cartelizada, con una estructura de gobernanza con pocos actores (pocos estados y gobiernos,  y pocas alianzas de empresas transnacionales), el precio sólo puede descender -y mantenerse bajo- por dos motivos: a) por que quienes tienen capacidad de influencia entre este grupo, quieren expulsar a aliados o competencia no deseada; o b) por que se han roto las estructuras de control del precio.

Apunté la primera idea en una entrada anterior, y la segunda en otra titulada. ¿El fin de Arabia Saudí como swing producer?.  Me mantengo en ambas ideas. De hecho creo que uno y otro fenómeno se están produciendo a la vez, retroalimentándose, además.

Sigo pensando, como he apuntado reiteradamente en este blog, que estamos asistiendo a lo que he llamado una desopepización. Es decir el fin de la estructura de gestión de la industria petrolera internacional dominante en la segunda mitad del siglo XX. Como también creo que la forma primitiva con la que se ha acabado con varios de los dirigentes de los países de la OPEP, sumado a la fiebre del petróleo no convencional en Estados Unidos y Canadá, han creado más que un exceso de oferta, una descontrolada oferta de crudo.

De hecho, si sumamos la desestructuración de los mecanismos de gestión internacionales de la industria al barullo de la producción, es fácil de entender que los precios se muevan sin rumbo. Fluctuando, ahora a la baja y, en cualquier otro momento, al alza. Esta afirmación no invalida el hecho, como expliqué hace poco, que en el largo plazo, por definición, porque el petróleo es un recurso finito, los precios del crudo han de tender al alza, a medida que éste se acabe o sea más costoso de extraer.

Dicho todo esto, añado dos ideas adicionales, que esencialmente no contradicen lo anterior, pero señalan a “otros”. Es decir, ¿por qué en vez de pensar el problema del precio del petróleo en clave geopolítica, no lo pensamos en términos de las empresas del sector? Así, moviéndonos desde la “tradicional” forma de ver la gestión de los precios del petróleo, tal vez veamos otras dificultades que, me temo, ya estan barruntando algunos de los inversores del sector.

Primer hecho, aunque fuera la crónica de una muerte anunciada, podría ser que ya se estuviera produciendo el estallido de la burbuja del shale gas subprime, como llamé a la burbuja especulativa que ha experimentado el sector del petróleo y gas no convencional, especialmente entre inversores de Wall Street. Ello, aunque lo explica parcialmente, justificaría la aceleración del descenso en los precios del crudo.

El segundo hecho, son las dificultades, cada ves más patentes, de la grandes e históricas empresas del sector, como Shell, Exxon, British Petroleum y sus “tradicionales amigas”, para acceder a nuevas y buenas reservas.

De hecho, pensando en ello, ya, en la paz del veraneo, escribí, siguiendo las ideas de Naomi Klein, algo parecido a: ¿qué inversor/a o pensionista querría comprar unas acciones para asegurarse una rentabilidad constante o creciente futura, ¿invertiría en una empresa cuya base del negocio es un recurso en extinción?

Hoy, después de la incertidumbre sobre qué empresas controlarán los buenos y rentables yacimientos de Oriente Medio en el futuro, y después del bluff de Shell en el Ártico, finalmente, de la la paralización del KeystoneXL, y de las crecientes voces que abogan por llevar a juicio a Exxon por haber escondido los efectos del cambio climático, esta idea de un negocio basado en un recurso en extinción puede estar cobrando fuerza en determinados ámbitos. De hecho, de forma muy optimista, un amigo mío dice que nos hallamos frente a un negocio en liquidación.

Yo no soy tan optimista como él, pues si algo han demostrado las empresas de la industria petrolera internacional es su capacidad de supervivencia; pero francamente creo que no están pasando un buen momento. Ellas lo saben y sus inversores también.

Por todo ello, podría ser que este descenso de precios lo que este anunciando es una nueva gran oleada de quiebras, alianzas, fusiones y adquisiciones del sector, que nos deje temblando a todos. Pues ante un escenario como el actual, si las empresas históricas no pueden acceder a nuevos yacimientos sólo les queda una opción para que no se hunda su eterno negocio, apropiarse del de los demás y aumentar todavía más, si cabe, su poder de monopolio con el fin exclusivo de mantener la rentabilidad de sus acciones.

Veremos….

 

El otro lado del precio del crudo

 

El artículo que escribí para esa buena e interesante iniciativa, a la que hay que apoyar, que es la revista Alternativas Económicas, empieza así; los precios del petróleo suben o bajan por causas de economía política, aunque la teoría dominante limite la explicación a la relación entre la oferta y la demanda (…). Y, casi acaba diciendo que (…) bien podría ser que el reciente desplome de precios se deba a una estrategia de los poderosos del monopolio para expulsar a toda la competencia molesta. (…)

Si les apeteciera leerlo entero, aquí tienen la versión completa del otro lado del precio del crudo.

Especulando sobre los cambios en ARAMCO

Ayer y hoy, la prensa nos informa de los cambios que se están produciendo en Arabia Saudí y, en concreto en ARAMCO. Este acrónimo que, como ya he explicado en otras ocasiones, significa ARabian AMerican (Oil) COmpany. De facto, la creación de esta compañía fue el efecto colateral de los Acuerdos de San Remo (1920) en los que británicos y franceses se repartieron el control del petróleo del recientemente extinto Imperio Otomano. Británicos y franceses estaban interesados en los yacimientos de Persia y Mesopotamia, y lo que hoy es Arabia Saudi quedó fuera de este reparto. Es por ello, que cuando las empresas estadounidenses reclamaron su parte “del pastel” se les otorgó ese gran pedazo de desierto.

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Fuente: ARAMCO

Hace unos años leí un libro titulado Dios, oro y petróleo : la historia de Aramco y los reyes saudíes de Anthony Cave Brown; que me perdone el autor, pero no es un gran libro, sin embargo explica muy bien una cuestión. Al leerlo se entiende a la perfección que la creación de la moderna Arabia Saudí y de la monarquía que la creó, la iniciada por Abdelaziz bin Saud, ha ido pareja a la creación de ARAMCO. Desde este punto de vista, el  término petromonarquía cobra su pleno sentido. Una petromonarquía no lo es porque ésta gobierne un país rico en hidrocarburos, sino porque su razón intrínseca de ser es el petróleo. El  petróleo fue la razón por la que en la recomposición de Oriente Medio que ocasionó el desmembramiento del Imperio Otomano, se trazaron ciertas fronteras y se crearon determinados estados; la custodia del petróleo y la necesidad de un interlocutor local fue la razón por la que se apoyaron a unos señores feudales como los Saud, en detrimento e otros; y el petróleo ha sido el principal instrumento de intervención pública de estas monarquías. Es más, en casos como el saudí, en el que, de facto, ARAMCO es propiedad del monarca, es él mismo, quien con lógica feudal, marca el reparto de la renta entre sus súbditos y entre las distintas “familias” reales.

De ahí que piense que una reestructuración de ARAMCO es una reestructuración del poder. No soy saudióloga, pero en un momento como el actual, estos cambios podrían darnos pistas sobre los misterios de la sucesión saudi en un momento tan delicado, como escribe hoy Lluís Bassets, con Arabia Saudí en guerra en Yemen y con creciente protagonismo en la región y en el mundo, gracias a su vocación de liderazgo árabe frente a Irán y su capacidad para actuar sobre los precios del petróleo. 

Si aquello que dice Bassets,hoy -que apunta a Mohamed bin Salmán al Saud (MBS) como segundo en la línea de sucesión-, se une con lo que nos decía Ángeles Espinosa, ayer -que MBS presidirá el flamante consejo supremo de ARAMCO-, pocas serán las dudas sobre quién será uno de los hombres fuertes del reino saudí. Es más, en su artículo A. Espinosa apunta la posibilidad de que la cartera ministerial del petróleo vaya a pasar a un miembro de la familia real. Según esta corresponsal esta noticia sería una novedad, ya que tradicionalmente se consideraba que dar ese puesto a un miembro de la realeza afectaría al delicado equilibrio del poder entre las distintas ramas de la monarquía.

Yo, me pierdo entre los actuales descendientes de los 45 varones que el fundador de la dinastía tuvo con sus 22 esposas, pero todos estos cambios me sugieren dos cuestiones. La primera es interna, y tiene que ver con la lógica de funcionamiento de un estado -o monarquía- rentista y distribuidor. La segunda, por el contrario es externa y tiene que ver con los cambios que deben de estarse produciendo en la estructura de gobernanza internacional del petróleo.

Sobre la primera cuestión, la experiencia indica que cuando entre los círculos del poder se modifican los criterios de distribución de la renta (de los ingresos recibidos por la venta del petróleo en el exterior), emergen batallas –inter pares– fratricidas. Ante ello, los distintos grupos en conflicto (sean ramas de la familia al Saud o clanes en otros lugares) buscan la complicidad de una población que, hasta ese momento, había sido ninguneada como sujeto político. Es por ello que sorprende que en la misma página de El País de ayer se nos diga que se están produciendo cambios en ARAMCO y que las mujeres saudíes, después del verano, podrán votar por primera vez en la historia. Como se pueden imaginar estoy encantada de que las mujeres puedan votar, en Arabia Saudí y en cualquier lugar del mundo, pero esto me recuerda demasiado a cuando en Argelia, a finales de los 1980s, ante una gran crisis de legitimidad -y de desacuerdo entre los clanes del poder- del régimen, se decidió que el pluripartidismo y las elecciones restablecerían la legitimidad perdida. Lo sé, suena raro, pero es lo que me vino a la mente, ayer.

La segunda cuestión que me vino al espíritu, no es en clave interna, sino externa. Como he apuntado en entradas anteriores, algo está ocurriendo en la estructura de gobernanza internacional del petróleo. Para mi, el último descenso de los precios, así lo atestigua. En mi opinión, aunque se han formulado muchas especulaciones sobre el porqué y las consecuencias de este descenso de precios, hay una tema que se ha tratado poco. Este es la necesidad de acomodar la actual estructura de gobernanza a la nueva realidad del “mercado” del petróleo.

Hasta día de hoy, el poder de la industria petrolera internacional estaba controlado, fundamentalmente, por los intereses petroleros estadounidenses, bajo el paraguas de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), y por los de Arabia Saudí, bajo el paraguas de la OPEP.  El reciente descenso de los precios, como intenté esbozar en unos pocos gráficos, apunta a que están desapareciendo los paraguas (las alianzas de Estados Unidos con el resto de países consumidores en el seno de la IEA, o si se prefiere la OCDE, y las alianzas de Arabia Saudí en el seno de la OPEP), pero que el poder y la alianza petrolera de Estados Unidos y de Arabia Saudi se mantienen intactas desde la creación de ARAMCO. A mi modo de ver, aquí, lo que no se mantiene intacto es la emergencia de China y de algunas de sus principales compañías petroleras, como principal cliente de esta compañía y de otras de la región. Ya lo dije, pero lo vuelvo a repetir, en la actualidad casi el 75% del petróleo que sale de Oriente Medio pasa el Estrecho de Ormuz y el de Malacca, hacia el Pacífico.

Ante ello, y ante el inmenso mercado que se abriría en China para las grandes compañías petroleras internacionales, los cambios que están ocurriendo en ARAMCO también podrían tener que ver con el diseño de una nueva estructura de gobernanza internacional del petróleo, en la que el poder de Estados Unidos y Arabia Saudí se mantendría, pero se considerarían las necesidades de China. Una nuevo orden petrolero, gobernado a tres bandas, en la que la OPEP y la IEA perderían sentido. Si esta especulación fuera cierta, tal los cambios en ARAMCO podrían tener que ver con ello: con la necesidad de un nuevo timonel no lastrado por alianzas y conflictos anteriores y capaz de abandonar definitivamente el barco de la OPEP.

En fin, todo son especulaciones, pero para esto sirven los blogs, ¿no? Aunque…¿y si fuera verdad?