¿Para quién legisla el Ministro Soria?

Aunque desde el 19 de agosto debo la cuarta entrada de la serie “Financiar la transición”, en mi regreso voy a aprovechar la información que estoy recopilando para la elaboración colectiva de un nuevo informe del Seminario Taifa.

Estos días pasados se ha hablado mucho del nuevo cambio legislativo impulsado por el Ministro Soria con el fin de dificultar el llamado autoconsumo eléctrico. Es vox populi que este ministro, desde el inicio de su mandato, está promoviendo cambios en la ordenación del sistema eléctrico que favorecen a unas pocas; las pocas eléctricas agrupadas en UNESA y que constituyen el oligopoly. Ello es cierto, pero muy matizable.

Saskia Sassen en su libro Territorio, autoridad y derechos explica que la globalización consiste en que los estados nacionales desnacionalicen, ayudando a crear redes transfronterizas. que conectan piezas ubicadas en el interior del territorio de los países. en el marco de proyectos globales. Por ello, la globalización no implica la desparición del Estado, sólo supone que éste modifica su función: legisla para desnacionalizar lo que se construyó como nacional, asegurando, así, que dentro las fronteras del territorio se darán las condiciones para que determinadas actividades se integren en “lo global”. Este nuevo tipo de estado, explica el auge del poder ejecutivo y la judiciciarización de la vida política, en detrimento de las cámaras legislativas (alta y baja).

Regresando a las eléctricas, y aplicando lo que nos cuenta Saskia Sassen a nuestra realidad, podemos empezar a responder a la pregunta que encabeza la presente entrada del blog. En España es bien sabido que la política energética está en manos del ejecutivo, pues mucho se lleva, en este país, legislando a “golpe” de decreto. Lo que está menos analizado es si estos decretos energéticos han servido para desnacionalizar el sector eléctrico nacional. Dicho de otro modo, ¿el Ministro legisla para UNESA o para que ésta se convierta en una pieza más -ubicada en territorio ibérico- de en un proyecto global más amplio?

Los datos que he estado mirando estos días lo indican. De forma precaria, imperfecta e imprecisa he estado analizando quienes son los propietarios, los accionistas, de las cinco empresas asociadas en UNESA: Iberdrola, Endesa, Gas Natural Fenosa, Viesgo y EDP. Empresas, que en la actualidad tienen, según los datos de OMIE, el 65,45% de la cuota de la energía eléctrica en España.

La forma precaria, imperfecta e imprecisa de lograr esta información ha sido buscar la información, que sobre sus accionistas hay, en la base de datos AMADEUS (sólo quién pertenezca a una institución que la tenga contratada podrá acceder a ella). Esta información de pago, pero pública, no es exhaustiva, pues en muchos casos, aunque aparece el nombre, nacionalidad y tipo de accionista, no aparece su porcentaje de propiedad. Por otra parte, visto que. de partida, las empresas de UNESA, salvo aparentemente Iberdrola, pertenecen a una empresa extranjera (ENDESA a ENEL, Gas Natural Fenosa, en un 50% a ENI, Hidroeléctrica del Cantábrico a EDP y Viesgo a E.On), es difícil determinar con exactitud quién es accionista de quién. Así que he hecho lo que he podido para agrupar la información en dos categorías: a) el país en el que los accionistas registran su inversión, y b) el tipo de inversor que dicen ser.

Si la información que he recogido fuera representativa de la realidad,veríamos que “nuestro” Soria, que debería defender nuestro interés general, legisla para intereses particulares, financieros, allende nuestras fronteras. Veámoslo.

En los dos gráficos siguientes vemos de dónde y de qué categoría son los accionistas con participación directa en alguna de las empresas de UNESA.

Fuente: base de datos AMADEUS y elaboración propia

Fuente: base de datos AMADEUS, boletín mensual OMIE y elaboración propia

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Fuente: base de datos AMADEUS, boletín mensual OMIE y elaboración propia

A primera vista, queda claro. Casi tres cuartas partes de los accionistas directos de las empresas asociadas en UNESA  están registrados en el extranjero. Siendo, si exceptuámos el caso de Italia por el Ente Naziole Idrocarburi (ENI), Luxemburgo el segundo “gran” accionista de las asociadas de UNESA.

El tipo de accionistas de las eléctricas, como apunta el segundo gráfico, son fundamentalmente compañías del sector bancario, financiero o equivalente. De hecho, si se tiene en cuenta que buena parte de la categoría “S”, correspondiente a inversión guberanamental o estatal, es inversión a través de los fondos soberanos, diremos que casi dos tercios de los accionistas pertenecen a estas categorías. Por otra parte, la categoría “C” es confusa, pues en ella podemos encontrar desde otras empresas energéticas como Repsol o ENI a fondos como Blackrock o Qatar Holding,

Los gráficos que siguen complementan esta información. Éstos reflejan la tipología de quienes poseen acciones de las empresas asociadas en UNESA, pero no son sus “propietarios” directos.

Fuente: base de datos AMDEUS, boletín mensual OMIE y elaboración propia

Fuente: base de datos AMDEUS, boletín mensual OMIE y elaboración propia

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Fuente: base de datos AMADEUS, boletín mensual OMIE y elaboración propia

Estos gráficos refuerzan lo anterior. A destacar que los accionistas de Qatar aparecen como singularizados, por detrás de los luxemburgueses y que los inversores de Estados Unidos surgen con más fuerza. También confirman que los inversores financieros pesan más que los del sector productivo. Refuerza todavía más esta conclusión el hecho de que, aunque con filiales ubicadas en distintos países,  entre los principales inversores en Iberdrola y Endesa (a través de Enel) se cuentan los fondos soberanos de Qatar y los de BlackRock, una de las principales empresas privadas de gestión de inversiones europeas.

Por tanto, ¿qué nos dicen los datos acerca de para quién legisla el Ministro Soria?

Entendiendo que decir que el ministro legisla para la eléctricas, equivale a decir que legisla para sus propietarios -accionistas del sector bancario, financiero o propietarios de planes…- la conclusión es evidente: cada vez que el ministro promueve un decreto, lo hace  para engrandecer los dividendos de los bancos o la rentabilidad de inversores como BlackRock o como el holding qatarí domiciliado en Luxemburgo, pues esto es lo que hoy en día es UNESA.

Evidentemente a estos accionistas poco les importa si los ibéricos tenemos un buen o un mal servicio de electricidad, aunque mucho les interese la rentabilidad de los activos y actividades energéticos ubicados y desarrolladas en España y Portugal. Dicho de otro modo, el ejecutivo español promueve legislación para que del oligopolio eléctrico extraiga dividendos locales, que irán a parar a fondos de inversión globales. Si no es lo mismo, se parece mucho a lo que nos dijo Saskia Sassen.

¿El fin de Arabia Saudi como swing producer?

El pasado 27 de noviembre concluyó en Viena la ciento sexagésima sexta conferencia de la Organización de Países Productores de Petróleo. Hoy, la prensa y medios internacionales amanecieron desconcertados por una decisión, que si debo fiarme de mi instinto y capacidad para leer entre líneas, no contenta a los países consumidores, especialmente a determinados sectores de Estados Unidos.

Según leo en la nota de prensa de la OPEP, esta organización acordó mantener la producción a un nivel de 30 millones de barriles al día; lo que supone regresar a su nivel de producción de diciembre de 2011. Ante ello barrunto cierto descontento hacia la OPEP, por ser tan poco solidaria con el resto y no atajar el desplome en los precios del crudo, en un momento en el que, como muestra el gráfico adjunto, nos encontramos ante un exceso de producción.

Fuente: EIA

Fuente: EIA

Cabe recordar que esta coyuntura se da en un contexto en el que la OPEP sólo tiene un 30% de la cuota del mercado mundial, lo que significa que el 70% del crudo que hay en el mercado proviene de otros territorios del mundo; y en un contexto en el que la producción de petróleo estadounidense, desde Septiembre 2005, se ha más que duplicado, a la vez que sus importaciones de crudo se redujeron drásticamente. Por tanto, quede claro que lo que se le pide a la OPEP, como siempre ha hecho, es que reajuste lo que otros hacen. Lo que en la jerga se llama hacer de swing producer.

Muchos medios, como el Financial Times sostienen que la OPEP ha adoptado esta actitud para contrarrestar el efecto pernicioso que la profusión de petróleos no convencionales está teniendo sobre su capacidad de ejercer su supuesto poder de mercado. Ésta afirmación es divertida, pues significa que: a) no se está contento con la OPEP por que está haciendo lo que siempre se le había culpado de no hacer (permitir que los precios del petróleo bajaran) y, b) es admitir tácitamente que el sector del petróleo no convencional no puede sobrevivir si los precios son bajos, pues no cubrirán los costes de extracción. Aunque sólo sea por esto último, la OPEP ha tenido una victoria moral.

Dicho esto, en una situación tan confusa como esta, parece apropiado pensar en quienes pueden ser los ganadores y perdedores de este descenso de precios del petróleo, para intentar averiguar quién podría estar detrás de la situación actual.

Ni a los países de la OPEP ni a otros, como Rusia, esta situación les favorece especialmente, pues son economías cuyos ingresos dependen casi exclusivamente de sus exportaciones de crudo.

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Ahora, aquí no todos son iguales, pues algunos países como Argelia se verán muy perjudicados si el precio del crudo baja por debajo de los 80-90$/br, mientras que otros, como Kuwait tienen margen para soportar el descenso de los ingresos por exportación. Es más, el extraordinario desarrollo que en los últimos años han tenido los Fondos Soberanos (fondos de inversión estatales, que operan en los mercados financieros internacionales y se nutren de petrodólares), hace que algunos países exportadores de petróleo, puedan compensar la pérdida de ingresos obtenidos con la venta del petróleo, con las rentas obtenidas con sus inversiones a escala planetaria. Por ello, podría ser que la bajada de precios, sin beneficiar a los países exportadores de petróleo, en el corto plazo fuera tolerable para este grupo de países. Este sería un argumento que apoyaría la hipótesis, no de que el descenso del precio del crudo se debe a una actuación de la OPEP, pero sí de que su permanencia en el tiempo es debida a su falta de actuación.

Otro gran grupo de actores en este juego son las empresas del sector. Aquí valoraremos dos grupos de ellas, las tradicionalmente grandes empresas privadas transnacionales del sector, domiciliadas en Occidente, y las nuevas productoras de petróleo y gas no convencional estadounidenses. En este blog, ya hicimos unas reflexiones sobre las primeras, que llevarían a pensar que el descenso de los precios del crudo, para ellas, ahora, es realmente problemático, pues como ya se explicó, la principal fuente de negocio de las majors tradicionales es la venta de crudo. Prueba de ello son los datos que proporcionan Bichler & Nitzan en su última actualización de Energy Conflicts and Differential Profits, donde se observa que en este último año de descenso de los precios del petróleo, las empresas petro-core (British Petroleum, Chevron, Exxon, Mobil, Royal-Dutch/Shell and Texaco) han visto menguada la rentabilidad de sus activos. Esta rentabilidad todavía se verá más reducida si las acciones de estas empresas se siguen desplomando, como hoy lo han empezado a hacer.

Por lo que se refiere a las extractoras y comercializadoras de petróleo no convencional, este desplome de precios podría significar el estallido de la burbuja. Lo comentamos también en una entrada anterior. Y, a tenor de los comentarios de la prensa de hoy, parece evidente que el sector no podrá sobrevivir si siguen estos bajos precios.

Ante ello, parece bastante obvio que a las empresas occidentales del sector este descenso los perjudica considerablemente. Aunque, en opinión de quién escribe, ha sido la entrada en escena, de forma desordenada, caótica, casinística y especulativa, la que ha ocasionado la fiebre del petróleo, que ahora ocasiona el exceso de oferta mundial.

Por último, falta ver si en los países llamados consumidores, la actual situación nos conviene, o no. Es difícil, pues al menos, hay tres aspectos a considerar: a) el impacto sobre los costes energéticos para el consumidor final, b) el impacto sobre la balanza de pagos, y c) el impacto sobre el poder o la posición que puedan tener en el seno de la industria petrolera internacional.

El primero de estos puntos, aunque debiera, depende poco de los precios actuales del petróleo, y más del poder de monopolio que tengan las empresas suministradoras locales. Pensando en otros episodios similares en el pasado, es fácil adivinar que en algo bajará en precio del combustible, pero mucho menos que el precio del crudo. En los países consumidores occidentales, es muy probable que ello vaya así. Pero, hoy en día, los países importadores de petróleo -llamados países consumidores– ya no sólo son países de la OCDE. De hecho, el mapa adjunto muestra que el grueso del crudo de la OPEP se dirige hacia Asia. Siendo mucho más relevante el tráfico por los estrechos de Ormuz y de Malacca, que por el Canal de Suez.

StraitsTenemos menos experiencia histórica sobre cómo podrían actuar las empresas energéticas de las “otras” economías, pero pudiera ser que sí que trasladaran el menor precio del crudo a los consumidores finales (empresas no energéticas y familias). Si ello ocurriera, el descenso de los precios del crudo tendría un efecto asimétrico: escaso en la de la OCDE -salvo Japón, tal vez- y significativo en el resto del mundo consumidor.

El segundo aspecto, el impacto sobre la balanza de pagos es discutible también. Pues si bien es evidente que este descenso de precios debería disminuir la abultada factura exterior energética de países como España; también lo es que si se generan menos petrodólares, podrían disminuir las entradas de capital, que ayudan a equilibrar la balanza de pagos. Personalmente, me parecería perfecto que nuestras empresas dejaran de acudir a la Qatar Foundation o al Mudabala de los Emiratos Árabes Unidos para financiarse, pero esta es la realidad de hoy. Por ello, está por ver el efecto final en la factura exterior total.

Falta el tercer aspecto, lo que podría significar el descenso de precios sobre el poder de determinados actores, fundamentalmente de Estados Unidos, en la escena petrolera internacional. Como dije en la entrada el “milagro” de los precios del petróleo, lo que realmente está en juego en la partida petrolera actual no es la cantidad de petróleo importado, ni si el precio es alto o bajo; lo que está en juego es si alguien se encuentra en la posición en la que unilateralmente pueda influir sobre los precios mundiales, en función de sus propias necesidades. En mi opinión, esto es lo que buscaba el gobierno de Estados Unidos permitiendo el auge el shale gas y oil: recuperar una posición geo-energética privilegiada en la escena internacional. He repetido varias veces que, ello, es un farol. Siguiendo esta lógica, podría estar ocurriendo que se estén poniendo las cartas sobre la mesa y que se descubra que en vez de un póquer de ases, sólo se tenía la pareja de sietes.

A las dudas ya existentes sobre el volumen real y sobre la perdurabilidad de las reservas de petróleo y gas no convencional en Estados Unidos, el episodio de precios actual, muestra dos nuevos factores, probablemente no valorados cuando se inició la partida.

El primero, es algo que nos muestra la historia de la industria del petróleo internacional. Desde sus orígenes en el Siglo XIX, la extracción y comercialización individual, desorganizada y tipo “fiebre del oro” -como la de Dakota del Norte de hoy en día- ha generado una gran volatilidad en la oferta de crudo, ocasionando que el “mercado” funcione de forma más parecida a una montaña rusa, con periodos de abundancia y escasez sin relación con la demanda del mismo, que de forma estable. Es por ello que la industria petrolera internacional tiende a la cartelización, expulsando territorios y competidores no deseados. No es bonito, pero así se organizó la industria petrolera internacional durante el reinado de las siete hermanas, y durante el régimen del tándem Agencia Internacional de la Energía y OPEP, donde quedaba claro que los acuerdos se realizaban entre las empresas de los países exportadores y las de los países consumidores de la OCDE. Hoy, el fenómeno del shale en Estados Unidos, ha dinamitado estos acuerdos.

También los ha dinamitado el segundo factor: la expansión de países importadores de petróleo, o si se quiere, el hecho de que no sólo las empresas de los países de la OCDE sean las compradoras de petróleo en la OPEP. El mapa ubicado unos párrafos más arriba lo ilustra a la perfección. Hasta hace unos años, la OPEP y especialmente Arabia Saudita, hacía lo que se le pedía desde Occidente, porque éstos eran sus únicos compradores, sus únicos suministradores de bienes de todo tipo -desde consumo básico a armas-, y los únicos países por medio de los que reciclar sus petrodólares. Esto último, probablemente siga siendo cierto, pero lo primero, a la vista de los datos, indica que el cliente “más pequeño” de los exportadores de la OPEP de Oriente Medio es Estados Unidos. Así las cosas, ¿por qué le deberían hacer caso?

Desde los inicios de este blog, vengo diciendo que la geopolítica del petróleo ha cambiado. Esta es una prueba más ¿Podría la OPEP dejar de ser swing producer y dejar de reparar lo que otros hicieron mal? Es poco probable pues estos países dependen excesivamente de los ingresos del petróleo para su supervivencia, pero no hay que olvidar que las cosas ya no son cómo antes: a) su faceta financiera con los fondos soberanos les da un poder en la escena internacional que antes no tenían; b) tienen otros clientes que no son los de la OCDE, y c) Estados Unidos se ha portado de forma desleal con ellos, por permitir el desarrollo incontrolado y descontrolado de una industria petrolera autóctona, y por romper las alianzas y fomentar la inestabilidad en la región.

Aunque se sea Occidente, hay que ser un poco más humilde, generoso, cuidadoso o zalamero cuando se le pide a alguien que te arregle “los platos rotos”. Si se quiere que la OPEP haga de swing producer, se la tendrá que mimar. Caso contrario, lo que hoy es un episodio, como ya hubo otros, se convertirá en el nuevo escenario de la industria petrolera internacional.

Las insondables vías de la pobreza energética

Hace unos días, The Guardian destapó y denunció la esclavitud en la que viven los trabajadores nepalíes que están construyendo las instalaciones para el mundial de fútbol de 2022. En la misma línea va la Organización Internacional del Trabajo. El mundo va a peor. Lo sé, como sé que en determinadas partes del mundo –especialmente desde la Edad moderna- las cosas nunca fueron bien. Dicho esto, me parece indignante el hecho que relata The Guardian: una media de un muerto al día y unas condiciones de trabajo que más bien parecen las de la construcción de las pirámides del antiguo Egipto, que las del símbolo de la modernidad y el ocio del Siglo XXI. Les dejo que lean estas noticias, para que se hagan una idea de lo que en ellas se trata. Aquí, como siempre, nos referiremos a aquello relacionado con nuestro modelo energético.

Me llama la atención como en Occidente, al menos en algunos países europeos, hemos tratado acríticamente a Qatar. Nos parecía muy cool, frente al anacrónico, conservador y reaccionario Reino saudí. Tengo mis dudas sobre el fondo de estas diferencias, ya lo expresé en una entrada anterior, pues las formas de gobierno y la estructura del poder qatarí se asemeja mucho a la saudí. Para ser sincera, creo que los distintos somos nosotros, no ellos. En tiempos, ¿qué esperábamos de una economía como la saudí? Básicamente que nos proporcionara una fuente de energía primaria barata, para poder desarrollar nuestro modo de producción y consumo -el fordista y el del consumo de masas-; que nos compraran los bienes que “nosotros” producíamos y que dieran liquidez al sistema financiero internacional, el “nuestro”, cuando nos conviniera. Hoy, ¿qué les pedimos a los qataríes?. Una vez nos hemos cargado nuestro modo de producción y de consumo, ya no tenemos las mismas necesidades energéticas ni tenemos bienes qué vender; sólo quedan algunos grupos que codician su dinero. Así que, entre todo aquello que podemos ofrecer queda el patrimonio y los símbolos de nuestra cultura y forma de ser: el Louvre, Georgetown…. y, claro está, nuestro más preciado instrumento de cohesión social a nivel local, regional o nacional: el fútbol.

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A pesar de ser de Barcelona, no soy muy futbolera, pero en mi ciudad es casi imposible no tener algún tipo de relación emocional con este club. Desde que vi que el Barça dejaba de patrocinar UNICEF, para ser patrocinado por la Qatar Foundation, me siento intranquila. No me gusta; no, no me gusta nada.

Hasta hoy, les hubiera dado noñas razones razones para mi desagrado, pero, con la evidencia en mano de la esclavitud en Qatar, ya no tengo ninguna duda. Este perverso mix entre petróleo y fútbol es una inmoralidad. Me explico, empezando con el hecho de que los nacionales qataríes (el 10% de su población) son inmensamente ricos, gracias a que unos trabajadores inmigrantes, que trabajan en pésimas condiciones, extraen el gas de su territorio.

Seguimos diciendo que este ínfimo porcentaje de la población mundial recibe unas extraordinarias rentas, por que quién compra sus hidrocarburos son los conglomerados energéticos transnacionales que, por ejemplo en España, venden a precio de oro el gas y la electricidad que con él se genera. Ello, como los y las seguidoras de esta blog ya saben, genera pobreza energética en los mal llamados países consumidores, pues una proporción creciente de la población no puede pagar las facturas. Es más, es el gas de Qatar – y el de otras partes del mundo- el que debería llegar, si seguimos con el caso de España, a las centrales de ciclo combinado de las empresas de UNESA que son las causantes del déficit de tarifa, lo supone una gran transferencia de renta desde la buena parte de la población al oligopolio eléctrico español.

Así que ya llevamos tres vías hacia pobreza: la explotación de los trabajadores en los yacimientos, la miseria de los que no pueden pagar las facturas, y el expolio de renta que han supuesto las centrales de ciclo combinado o el equivalente ¿Sigo adelante? 

El dinero que llega a Qatar es excesivo para una escasa población que ya no sabe en qué gastárselo, así que se empaqueta bajo forma de fondos soberanos lo que alimenta la financiarización de la economía que, como desgraciadamente bien sabemos, ha catalizado la desproductivización y al destrucción de millones de puestos de trabajo en el mundo. En el otro extremo, el dinero que no llega a Qatar alimenta el otro extremo de la cadena energética, a los accionistas de las grandes empresas energéticas -al, menos de las occidentales. No hace falta decir quiénes son estos accionistas, pues son los mismos que nos están empobreciendo.

Fuente: TNI

Fuente: TNI

Llegados es este punto, parece claro que los cools qataries son el otro extremo de la cadena -energética- de los otrora yuppies occidentales. Los que desde que Margaret Tatcher, a inicios de los 1980s, dio el pistoletazo de salida no han hecho más que pavimentar nuestro camino hacia la penuria. La última parada en este trayecto es la mascarada del lujo qatarí. Lujo que se fundamenta sobre todas la facetas de una pobreza generada por una forma de producir energía que favorece la explotación en los yacimientos; la exclusión de los usuarios finales; el poder extremo de sus empresas y la financiarización -en todas sus facetas- de la energía.

Lo que ya va más allá de lo imaginable es que quienes gracias a este modelo energético han amasado cantidades indecentes de dinero, no sepan qué es la grandeza de los ganadores: ¿cómo se puede tener el PNB per cápita más alto del mundo y no pagar el salario justo? y ¿cómo pude ser que la FIFA lo tolere? Lo peor, de lo peor, es que cuando llegue 2022, nosotros los empobrecidos, jalearemos hasta la extenuación lo que en Qatar ocurra, como ya lo hacemos con el Barça.

Puede ser una idea muy peregrina, pero propongo que la próxima vez que se vaya al “campo” nos empecemos a quejar; alto y claro, para que se sepa que somos “pobres, pero honrados” y que no queremos ser los cómplices de un modelo energético elitista que conduce a la miseria y a la esclavitud. Si no nos atrevemos a hacerlo frente a “nuestros” ídolos, pensemos, al menos, que otro modelo energético es posible.

Egipto vs. Argelia

Me he resistido bastante a escribir sobre esta cuestión en este blog, pero como dice el refrán, “la cabra tira al monte”, y ante las cada vez más frecuentes comparaciones entre lo que ocurre en Egipto y lo que ocurrió en Argelia en la década de los 1990s, no me he podido resistir. En Argelia, después de la victoria del Frente Islámico de Salvación (FIS), se produjo un golpe de los militares, aplaudido y jaleado por las cancillerías occidentales, que condujo a una guerra -contra la población- civil de cientos de miles de muertos y que, además de dejar al país sin esperanza de cambio interno, inició la vía hacia la globalización de la economía argelina; o si se prefiere su desopepización. Éste, tal vez, haya sido uno de los aspectos menos tratados de la crisis argelina, pero, llanamente, Argelia se acostó, antes de las elecciones, petrolera y emergió gasista, un lustro después. Puede que a alguien le parezca lo mismo que un país, miembro de la OPEP, pase de ser exportador de petróleo a ser exportador de gas; puede parecerlo, pero no lo es. Someramente, diré que hay tres diferencias fundamentales. La primera de ellas es de orden geo-político: la OPEP, por sus relaciones privilegiadas (se diga lo que se diga) con los países –consumidores– de la OCDE, era la garantía de la occidentalización del Mundo Árabe; con el gas las cosas son distintas, pues se realizan contratos y alianzas bilaterales, y no por pertenencia a un determinado grupo o bloque. En segundo lugar existía un acuerdo, desde que en los 1970s, Estados Unidos, pasara a adquirir petróleo en el “mercado internacional”, de reparto de la renta mundial, entre países de la OCDE ( y aquí incluyo, claro, Japón y Corea del Sur) y países productores, que se ejemplificaba en que los países de la OPEP eran dueños de su renta, siempre y cuando vendieran el petróleo a quién tocaba e invirtieran y compraran en lo que tocara, en Occidente; una vez más, con el gas -y con el mundo de hoy- este pacto ya no existe. Basta mirar donde invierten hoy los fondos soberanos o pensar que desde el fin del “bloque del Este” y la “emergencia de Asia” el reparo de la renta mundial ha de ser distinto, para comprender que las cosas han cambiado. Por último, a nivel interno, la extracción y venta de petróleo formaba parte de una política nacional – para el conjunto de la Nación, hoy su enfoque es mucho más micro, de alianzas empresariales, por encima de las políticas energéticas nacionales. Dicho sea dicho de paso, tanto de los productores como de los consumidores.
Probablemente sea esa ya no pertenencia a un “bloque”, sean esos nuevos destinos y formas de exportación de la “renta” de los hidrocarburos, y la micro-concepción de la explotación de los hidrocarburos, los rasgos más característicos de la globalización de las otrora economías petroleras. De ahí que, en el “mundo de la OPEP”, al menos en el Árabe, haya mucho que perder si el mundo de ayer se viene abajo: pérdida de influencia, pérdida de renta, pérdidas de alianzas….en definitiva, pérdida de poder. Mal que les pese a los Argelinos, a ellos ya les ocurrió, pero parece estar pasando en todo el “tradicional” Mundo Árabe. Ya he hecho referencia a ello en anteriores entradas, pero, hoy, leyendo este artículo del New York Times, no me ha quedado ninguna duda. Lo dice mi gran amigo Rob Prince, en Egipto se está librando, también, una lucha por la hegemonía y los equilibrios en el Mundo Árabe, de ahí que los religiosos saudíes, junto a los no menos creyentes israelíes, apoyen a los “laicos” golpistas; mientras los Qataries y Turcos están más próximos al otro lado: el viejo mundo, frente al nuevo.
Mirado con retrospectiva, Argelia fue el primer acto de este cambio -lo que he llamado desopepización-, ¿será Egipto el final de esta tragedia?
El mundo de hoy es muy distinto del de los primeros 1990, aunque es su consecuencia. De ahí que la forma de lo que ocurre en Egipto, como reiteradamente viene repitiendo Ignacio Cembrero en El País, se parezca cada vez más a lo que ocurrió en Argelia. De lo que él dice, a mi, sólo me queda añadir un aspecto, el económico. Está claro que Egipto no ha sido un país de la OPEP, pero después de Argelia es el segundo productor africano de gas. De ahí que, a la “chita callando”, estuviera entrando en ese nuevo mundo del gas, al que, ahora también, pertenece Argelia. De ahí, también la alianza con Qatar, el rutilante actor de este mundo, y del cual, su anterior Emir apoyó a Morsi. De ahí, una vez más, que podamos especular que el desafortunado Gobierno de los Hermanos Musulmanes, mientras realizaba una pésima y regresiva gestión política interna, cambiaba los grupos de poder económico del país. Esto es lo que también ocurrió en Argelia. Hizo falta una sangrienta represión y muchos apoyos externos, para que cuando Bouteflika apareció como el “conciliador” de el país, las élites económicas tuvieran que aceptar nuevas reglas -recuérdese el extraño y postergado cambio de la Ley de Hidrocarburos en el primer lustro del 2000- y la economía argelina se hubiera globalizado. Egipto lleva el mismo camino, pero el significado geo-político de Egipto y del Canal de Suez, es infinitamente mayor, pues aquí ya sin ninguna duda, como apuntaba en mi entrada anterior, globalización significa desoccidentalización. Por ello, probablemente, esos extraños compañeros de viaje que son Arabia Saudi e Israel estén en el mismo barco, remando con Sisi y cia., pues ellos fueron los grandes ganadores en la región del mundo no global de Occidente.
Desde este punto de vista, en las formas y, quien sabe, resultado final hay una gran similitud entre lo ocurrido en Argelia y lo que, hoy, acaece en Egipto. La gran diferencia, además de 20 años, es que en este juego que se inició en Argelia, ésta era un peón, mientras que Egipto es, al menos, la dama.

Pistas desde la economía para valorar la transición energética

Todas mis entradas están pensadas para activar el debate energético, aunque reconozco que algunas son más o menos personales. Ésta de hoy, casi podría decir que es una demanda de debate, surgida a raíz de mi contacto con el CMES. Un colectivo de ingenieros e ingenieras que está trabajando muy activamente para mostrar que la transición energética hacia un modelo descentralizado de energía renovable es posible, y que, además, será extremadamente beneficioso. Desde que los conozco, que no hace mucho, me han llenado la cabeza de cadenas eléctricas y yo, desde mi más osado, que profundo, conocimiento, me he propuesto a buscarles argumentos económicos que apoyen su iniciativa.

Dándole vueltas al asunto, he decidido escribir esta entrada con algunas ideas. todavía deslavazadas, para ver si alguien “pica” y me ayuda en este propósito.

Desgraciadamente el pensamiento económico no se encuentra en sus mejores momentos, así que la cuestión no es fácil. Ayer escribí, sin pensar, una frase en la que afirmaba que el argumento económico de una determinada opción energética debía ser “tal”. Después, enseguida me dí cuenta, que había muchos argumentos económicos posibles y que, aunque en mi mente, todos estuvieran interrelacionados, pues en la realidad están todos entrelazados, tenía la obligación de intentar, aunque sólo fuera con fines pedagógicos, separar los niveles de análisis. Así que voy a presentar un primer esbozo de ello.

El primer aspecto, al menos tal como yo lo veo, es tener claro que no todos los economistas entenderán las cuestiones energéticas -y casi nada- del mismo modo. En economía hay una gran distancia -con muchos matices- entre aquellos que entienden que la economía es apersonal -los que hablan de Economia, como traducción de Economics– y los que creen que la economía son las relaciones económicas que se dan en un momento determinado en una sociedad determinada; los que hablan de Economía política (la economía que se da en la polis).

Más allá de ello, analíticamente, los economistas podemos emplear cuatro niveles de análisis: el micro, el meso, el macroeconómico y el sistémico. De las dos formas de ver la economía, la primera escuela se centrará fundamentalmente en el análisis microeconómico -el del individuo- y conciben el resto como agregación de las unidades micro, sin entrar en lo que implican las relaciones a nivel mesoeconómico o sistémico; los segundos centran su análisis en el sistema -en la sociedad-, para interpretar las relaciones económicas que se dan en los tres niveles “inferiores”.

Así, si trasladamos ambas visiones del mundo económico a la energía, tendremos el primer tipo de economistas que entenderá que la energía -al igual que la economía- es el resultado de la agregación de elecciones individuales de empresas (oferentes) o consumidores (demandantes). Mientras que, los de la segunda categoría, entenderán la energía como el resultado de unas relaciones -sociales y, por tanto, de poder- energéticas conformes al sistema vigente.

Para los que han ido leyendo mi blog, estará claro que yo pertenezco a la segunda escuela de pensamiento y, por ello, mi visión de la energía es más sistémica que microeconómica. A pesar de ello, considero que si el objetivo es valorar modelos energéticos posibles, en un caso como el de la energía que atraviesa todos los aspectos de nuestra vida, puede ser positivo buscar que hay de “utilizable” en cada uno de los cuatro niveles citados.

1) En el ámbito microeconómico que, cuando hablamos de energía, se centra mucho en el análisis de costes y beneficios (cuanto cuesta la energía solar en relación a la fósil, por ejemplo), entiendo, como argumentabaHermann Scheer que este debate, al menos tal como se hace, es estéril, pues se están comparando cosas incomparables. Comparamos como si fuera igual, producir electricidad con petróleo que viene del otro lado del mundo con infraestructuras desarrolladas en los últimos 150 años y una industria madura y consolidad, que producir directamente la electricidad en casa, con una placa de tecnología reciente y desarrollada por un sector naciente.

En cambio, sí que creo que un debate de costes cualitativo es útil. Tal vez no podamos saber cuánto más costosa es la electricidad generada a partir de petróleo que la generada a partir del sol, pero sí que sabemos que para producir electricidad a partir de petróleo se han de dar muchos más pasos (extraer petróleo, transportarlo desde el otro lado del mundo, refinarlo y convertirlo en combustible, quemarlo, convertirlo en energía mecánica y, luego en eléctrica) que si en una placa fotovoltaica la luz del sol se convierte directamente en energía eléctrica; como sabemos también que el petróleo se paga y el sol no.

Así, el análisis de costes cualitativo nos enseñaría qué partidas de coste nos podríamos ahorrar y cuáles añadir (por ejemplo los residuos) si se optara por un tipo u otro de energía.

2) El nivel mesoeconómico, en el caso de la energía nos indicaría cómo se organiza la producción y el uso final de energía y, por tanto, cuál será la cadena -de valor- energética y la estructura de la industria. Para un no economista, esto puede ser más difícil de entender, pero lo ilustraré con un ejemplo. En el momento que se opta por una fuente energética fósil, alejada del lugar de uso final; estamos optando por una industria energética monopolista -pues las barreras de entrada y la tecnología son elevadas- y transaccional; y estamos optando por producir, transportar y comercializar la energía internacionalmente, de forma centralizada. Es decir, damos un poder -económico y, por tanto, político- a los grandes conglomerados energéticos mundiales; otorgándoles el poder de decidir para quién producen y en qué condiciones.

Por el contrario si se opta por producir a partir de fuentes renovables, cercanas a los usuarios finales; el tamaño y el poder de la industria energética frente a los que la acaban empleando cada día, será menor o mucho más equitativo.

Económicamente -aunque no sólo- lo primero tiende a crear sociedades más desiguales y lo segundo sociedades más equitativas. Por tanto, considero que éste, el grado de monopolio que determinadas formas de producir y emplear la energía acarrean, es también un factor económico a tener en cuenta al valorar la política energética que se quiera implementar. Además, en este ámbito, también resulta relevante considerar si se desacoplan los lugares de gasto de los de inversión, o no.

3) En el ámbito macroeconómico, una buena forma de valorar las cuestiones energéticas es por los efectos que una determinada política energética, como política sectorial que incide transversalmente en todos los objetivos “deseables” de la política económica de un país, pudiera tener. Una vez más, pongo algún ejemplo. Es decir, cómo afecta el “modelo” del petróleo a la inflación, a la creación de empleo, al equilibrio externo, etc… y cómo incidiría otra forma u otro modelo energético en las mismas variables. Tal vez no se puedan obtener las cifras exactas, pero no cuesta mucho establecer algunas cuestiones -casi- evidentes. Por ejemplo, potencialmente la inflación empeorará con un modelo basado en el petróleo, pues los precios del crudo son muy volátiles y la industria tiende al monopolio; mientras que un modelo basado en fuentes renovables locales tenderá a mejorar la balanza comercial, ya que dejaremos de pagar la factura energética exterior. Comparaciones similares se pueden hacer para los niveles de empleo, la distribución de la renta o el crecimiento. De hecho, si se quiere tener una fugaz visión de ello, puede leerse la última parte de este artículo que yo misma escribí hace unos años.

4) Por último, es en el nivel sistémico donde el análisis se complica, pues de lo que se trataría de ver es si el modelo energético vigente se acomoda -si sólo miramos el ámbito estrictamente económico- a las necesidades del sistema de producción vigente. Por tanto, esta forma de ver el modelo energético nos permite analizar las crisis y los procesos de transición energética, ya que, desde este punto de vista, modelo energético entra en crisis cuando deja de adaptarse a dicho modelo de producción.

Desde mi forma de ver el mundo, es importante tener en cuenta este último punto, pues su corolario es que históricamente las crisis energéticas no se producen por una razón cuantitativa -el fin o el encarecimiento de una fuente-, sino por una causa cualitativa: la no adaptación entre el modelo energético vigente y el modelo productivo, y en general social, vigente.

Desde este punto de vista, dejo en el aire una última reflexión sobre el modelo del petróleo: llevamos casi 40 años hablando de la crisis del mismo; primero porque experimentamos un shock -cuantitivo- de oferta y después porqué pensamos que al quedarnos sin él -su cantidad- el precio aumentará hasta límites insostenibles. Sin embargo, lo cierto es que, mal que nos pese, el mundo del petróleo sigue aquí. A veces parece muy difícil decir el por qué, pero yo intuyo que simplemente se trata de que a nivel mesoeconómico genera unas estructuras de poder energético que se adaptan perfectamente con la tendencia a la concentración de la propiedad capitalista y que, desde un punto de su adaptación al sistema, en un primer momento su gran, maleable y barato flujo de energía se adaptó a la perfección al modelo de producción fordista y de consumo de masas en Occidente; mientras que ahora, la gran cantidad de excedente financiero que genera es ideal para lubricar los mercados de capital internacionales y financiarizar la economía la economía global con la ayuda de los fondos soberanos.

Ahora, entiendo lo inexplicable

Esta mañana he asistido a un acto en ESADE, en el que se presentaba el informe 2012 sobre Fondos Soberanos. Me perdonarán los organizadores, pero ha sido vergonzoso.

Para aquellos y aquellas que no sepan qué son estos fondos, basta decir que son unos fondos de inversión, en función de los casos, estatales, gubernamentales o públicos que se nutren de los superávits de comercio exterior (fundamentalmente saldos de las balanzas por cuenta corriente) y que se invierten en el extranjero. A quién no le suene el término fondo soberano, tal vez le suene el de petrodólar. Los fondos soberanos de hoy, tienen su origen en los petrodólares de ayer, aunque en los últimos años se nutran también de los excedentes comerciales de China, de otras economías asiáticas y, poco poco, de algunas economías americanas o africanas. Desde este punto de vista, no son un fenómeno nuevo, pues ya en el 1961, el incipiente Kuwait Investment Office (KIO), financiaba al ayuntamiento de Londres. Posteriormente, en los 1980s estos fondos, entones en su forma primitiva de petrodólares, tristemente, se hicieron famosos con la crisis de la deuda de América Latina y, como resultado de la desintegración de la URSS y la crisis asiática de 1997, se han generalizado como instrumento de inversión de las llamadas economías emergentes. Cabe decir, sin embargo, que uno de los más potentes y famosos el el fondo de pensiones de Noruega.

Pues bien, la presentación de hoy, no tenía como objetivo contarnos estas cosas, sino decirnos la oportunidad que, para España, hoy, representan estos fondos.

Además de la bienvenida -sobre la que hablaré después-, el acto ha tenido tres partes. En la primera, Javier Santiso, profesor de ESADE y vicepresidente del ESADE Center for Global Economy and Geopolitics (ESADEgeo), autor del Informe, lo ha presentado. De mis notas del acto destacaría dos aspectos: a) su insistencia en que estos fondos son una gran oportunidad para España, que, ya hoy en día, es el principal receptor de los mismos en la Unión Europea, y b) lo que él ha declarado que podían ser los sectores de interés y/o atracción que España ofrecía a estos fondos. Los pueden leer en la página 48 del informe, pero se los digo. Primero, algo que podría parecer normal, las grandes empresas españolas, por sus activos en las economías de America Latina -no por nada que tenga que ver con la estructura económica del país, pero lo que viene a continuación ya no lo es: los clubes de fútbol -especialmente el Barça y el Madrid-; las escuelas de negocios -especialmente ESADE, IESE y EADA- y la cooperación española.

Sorprendente, ¿no?. La gran esperanza de la economía -y, por tanto, entiendo de la sociedad- española es que los fondos soberanos se fijen en el Barça o el Madrid, en ESADE o el IESE, y en la aniquilada cooperación española. En este punto del acto, he echado de menos a José Luis Berlanga. Dudo si al Berlanga de Bienvenido Mr Marshal o el de La Escopeta Nacional, aunque, en realidad, sólo he acudido a este toque de humor para no pensar en la Habana de Batista o en cualquier República Bananera del planeta.

En la segunda parte, reconozco que tanto el representante de Gas Natural-Fenosa, el Sr. Antonio Basolas, como el de Indra, el Sr. Julián de Unamuno, han salido airosos de una situación espinosa, tener que decir lo contento que está tu empresa de tener a estos fondos por socios y/o accionistas y responder a un moderador que se dirigía a ellos de tú; pero, desde mi punto de vista, éste no ha sido el caso para el represente de KPMG, pues éste, el Sr. Antonio Hernández, depués de explicar que KPMG se está posicionando como consultor para estos grandes fondos internacionales, ha dicho lo que todos los demás se habían guardado de mencionar: el gran potencial que el sector inmobiliario español tiene para estos fondos. Potencial, ahora que están a precio de saldo, y potencial que -según mi interpretación- ya explicaría porque España es el país de la Unión Europea que más inversiones de este tipo ha recibido.

La guinda ha llegado en la tercera parte del acto, con el Secretario de Estado de Comercio, el Sr. Jaime García-Legaz. Yo había acudido al acto, por el interés académico que tengo por cómo los Fondos Soberanos pueden cambiar -y de hecho la están cambiando- las relaciones internacionales de las economías petroleras; pero, mi parte de economista y de profesora de política económica -la de ciudadana, ya ni se lo digo- ha encontrado repulsiva la intervención de nuestro Secretario de Estado de Comercio. Por si quienes leen este blog no lo saben, estamos en el momento propicio para atraer inversión (ha insistido mucho en ello), pues ya hemos hecho todas las reformas necesarias -especialmente la laboral- en tiempo récord y de forma ejemplar, para que los inversores acudan a nuestro país. Él no ha hablado de clubes de fútbol  ni de escuelas de negocios, pero sí del sector bancario y financiero y del inmobiliario. No exagero, ha habido un momento que he pensado que se le escaparía lo de Eurovegas.

En resumen, la crisis y el ajuste, en España han servido para que atraigamos fondos de inversión -en muchos casos fuera de supervisión y regulación- para que nos compren, a nosotros mismos o lo nuestro. De pequeñas y medianas empresas, de economía del conocimiento, de entrepreneurship, de creación de un nuevo modelo productivo, nada de nada…. Más allá de lo dicho, en passant, de lo que a estos fondos les podría apetecer nuestro sector sanitario (comentando las gráficas del informe de las páginas 18 y 19)

Una vez más, sobran las palabras, pero, hoy, por fin he entendido la noticia que apareció el pasado 4 de febrero en El País. Su titular rezaba así, España olvida el ahorro de energía con la factura de crudo a máximos. Y, su subtítulo El Gobierno liquida planes de eficiencia mientras la importación de carburantes sube a 45.000 millones ¿No lo entienden? Yo sí, lo veo todo claro. En España apostamos por seguir con la importación de hidrocarburos, no por lo que hoy ha dicho el Secretario de Estado, y cito literalmente, de que tenemos que importar nuestra energia, porque no la tenemos; sino porque mientras sigamos comprando petróleo, seguiremos alimentando a los Fondos de Inversión -a los petrodólares- que servirán para invertir en el país.

Es un círculo virtuoso: compramos petróleo, atraemos petrodólares, alimentamos burbujas inmobiliarias, nos endeudamos, seguimos comprando petróleo, atraemos petrodólares para financiar las deudas, sacamos trabas y vendemos alguna cosilla más,…. En fin, que esta debe ser la razón de fondo para no apostar por la energía que sí que tenemos (el sol y el aire) y para seguir importando hidrocarburos, pues visto así, el cambio, sería un desastre.

De todo ello, lo que más pena me ha dado, es que quién ha inagurado el acto es el Decano de ESADE, Alfons Sauquet, que ha hecho una bonita introducción hablándonos de Marc Bloch, de los Annales d’Histoire Économique et Sociale, de la ocupación Nazi y del régimen de Vichy como resultado del colapso moral de Francia y de su falta de liderarzgo político, económico, social e intelectual. Al oir todo ello, pensé que me dirían que los Fondos Soberanos, ante nuestro colapso, eran una oportunidad para nuestra regeneración moral y para el renacimiento de una nueva ética empresarial. Pero, no amig@s bloguer@s, después de las explicaciones escuchadas, creo que todavía nos tenemos que hundir más en el cenagal.

Aunque el petróleo de mucho dinero, es un mal negocio

El otro día, mientras escribía la anterior entrada, tuve un momento de mala conciencia, incluso temí que, posteriormente, algún comentario me acusara de insolidaria, en relación a los países productores. Pensé que alguien me diría que si nos acoplamos energéticamente, los países consumidores dejaríamos, después de explotarlos durante años, de “ceder” una parte de la renta mundial a aquellos que nos han suministrado energía durante décadas. Esta es una cuestión sobre la que he pensado bastante -sin llegar a ninguna conclusión satisfactoria-, pues si la producción de energía se descentralizara, las rentas que reciben los países exportadores de petróleo, como pago por el producto de su subsuelo, podrían disminuir o peligrar. Esta cuestión es ambivalente, ya que si bien es cierto que la existencia de estas rentas ha ayudado a mantener en el poder a regímenes autoritarios -gracias a la distribución de las mismas a la población, manteniendo la paz social-, no es menos cierto que gracias, también, a estas rentas, las sociedades de buena parte de los países petroleros han tenido un nivel de vida mucho más satisfactorio que el de otros países subdesarrollados. Esto es especialmente cierto para el caso de los Países Árabes de la OPEP. Por ello, mi opinión es que cuando se plantean hipotéticos cambios de modelo energético, esta es tambien un variable crucial a considerar. Esta semana, sin embargo, mis pensamientos se decantan más del lado de la balanza de que, tal vez sí, tal vez, ha llegado el momento de acabar definitivamente con estos regímenes. Pienso, concretamente, en Arabia Saudí.

Todo empezó cuando, preparando clases, visualicé un vídeo que una colega me había indicado hace unos meses. El vídeo en cuestión es un documental de Documentos TV, cuyo título es Planeta en venta. Este documental habla del expolio que los fondos de inversiones de todo tipo y las grandes compañías agroalimentarias están haciendo en cualquier lugar del mundo con tierras “disponibles”. Para mi sorpresa, viéndolo, descubro que Arabia Saudí es uno de los grandes jugadores de esta partida, pues su definición de seguridad alimentaria pasa por la compra masiva de tierras en África o Brasil. Debería matizarlo, pero mi primera sensación al verlo fue pensar en las nuevas formas que el colonialismo -financiero- está adoptando.

Hoy en día, buena parte de los excedentes de liquidez que lubrican los mercados financieros internacionales y financian “nuestros” déficits provienen de los Fondos Soberanos, unos fondos de inversión estatales que se nutren de los excedentes de las balanzas por cuenta corriente. Hoy, de los aproximadamente 5.000 miles de millones de dólares que tienen estos fondos, poco menos de 3.000 tienen como origen la venta de recursos energéticos y minerales en el mercado internacional, y poco más de 2.000 la venta de otros bienes y manufacturas. Aproximadamente, un 10% de estos fondos pertenecen a Arabia Saudí. Según la última clasificación del Sovereign Wealth Institute, el fondo saudí es de 532,8 miles de millones, y sólo es superado en importe, por el de Abu Dhabi, Noruega y China. Este esbozo de cifras apunta hacia el significado de la metamorfosis del petróleo, que de bien energético internacional pasa a activo financiero global. Cada vez que se paga por un barril de petróleo, el los mercados “reales” o de los de “papel”, los accionistas de las empresas energéticas acumulan dividendos, y las fondos de los países productores, petrodólares. Esta es una de las particularidades del petróleo frente a otras fuentes de energía, pues es a la vez potente activo energético y financiero.

En una economía financiarizada como la que tenemos, es esta “otra cara” del petróleo -la capacidad de a partir de un barril de petróleo de crear una “riqueza” inmensa-, el que lo convierte en irremplazable. Por ello, también, convierte en insustituibles unas estructuras de poder -de gobernanza- monopolistas -las de la industria energética internacional- que, en el sistema, son las encargadas de “captar”, moldear y canalizar el excedente energético hacia los mercados internacionales de capital.

En el año 2009, ya escribí un artículo en la revista Culturas en el que sostenía que existía una fuerte interdependencia entre Estados Unidos y Arabia Saudí por el hecho de dinero del petróleo. Esta es una línea discursiva cuyos fundamentos se pueden encontrar, en los años 1970, en obras de estructuralistas como Jean Marie Chévalier y que se ha concretado, en los 1990, en los escritos de algunos economistas institucionalistas-radicales de Estados Unidos como Shimshon Bichler y Jonathan Nitzan.

Estos días en los que se conmemora el primer aniversario de las revueltas en el Mundo Árabe y ha resurgido el malestar con Irán, gracias a la lectura de un texto de Paul Stevens que un buen amigo me hizo llegar, he vuelto a pensar en esta cuestión.

El texto cuenta que 2010 fue un año récord en excedentes petrolíferos ociosos. A finales de este año había un cierto pánico en los mercados, pues se consideraba que existía un serio riesgo de desplome de los precios del petróleo en el mercados internacional, como ocurrió en 1998. Frente a ello, el conflicto con Irán, actúa como un bálsamo: se absorbe la capacidad excedente, sube el precio del crudo por el miedo a conflictos mayores en la zona, y Arabia Saudí añade entre dos o tres millones de barriles al día a un “buen precio” superior ¿Quienes se benefician de ello? A día de hoy, tres grupos de agentes: los saudíes, los gestores de los fondos soberanos en los mercados internacionales de capital y todas aquellas compañías que vendan petróleo crudo.

Me doy risa a mi misma, llevo más de diez años predicando que la OPEP nunca ha tenido el poder que se le suele atribuir, pues son tan sólo un eslabón de la cadena energética internacional; pero, dicho esto, estos días empiezo a pensar que Arabia Saudí sí que es imprescindible. Básicamente, porque, desde mediados de los 1970, ha sido pieza clave en la creación de petrodólares y, por ello, su actuación es vital para satisfacer las necesidades de liquidez del sistema. Por esta razón, son también pieza clave de esa industria energética internacional que con sus prácticas monopolísticas alimenta a “los mercados”.

Así, mientras nos dominen “los mercados”, padeceremos las consecuencias de la geopolítica del dinero del petróleo. Aunque la OPEP dejara de existir, aunque las compañías privadas entraran en Libia y en Iraq, aunque cambie todo lo demás, la gran paradoja es que, para que el flujo financiero del dinero del petróleo se mantenga, se necesita a una Arabia Saudi como la de hoy. Una Arabia Saudí capaz de intervenir de forma rápida, porque el destino de toda su producción y de todo el dinero que ésta genera están en manos de la misma persona: el Rey. Un país en el que no hay fisuras ni intereses distintos ni accionistas a los que contentar. Esta unicidad es la que asegura que el sistema se mantenga tal como es.

Así, una vez más, vuelvo al punto de partida del blog: un modelo energético basado en el petróleo es nocivo para la humanidad, pues requiere de estructuras de poder autoritarias y centralizadas para poder cumplir la función que le asigna el sistema. Incluso, cuando ya es evidente que podrían existir fuentes energéticas alternativas, su dinero, “obliga” a mantener estructuras de producción -y por tanto de poder- verticales, centralizadas y jerarquizadas. Por ello, como reza esta entrada: ¡aunque dé mucho dinero, el petróleo no es buen negocio!