El disparate de Iraq o el insulto a la inteligencia

Más allá del mundial de fútbol, que nos tiene a todos ocupados, la noticia de la semana es Iraq. Es el avance de los partidarios del Estado Islámico de Iraq y del Levante hacia Bagdad, después de ocupar Mosul y Tikrit. Es la posibilidad de que la Administración Obama considere intervenir de nuevo, para parar el avance y evitar una escisión-división del país en dos. Me perdonarán, pero es vomitivo. Estoy furiosa. Desde el momento cero de la invasión de Iraq, e incluso desde antes, pues bien pudiera ser que esta fuera una de las razones por las que Bush padre en su momento no acabara la tarea, se sabía que esto iba a pasar. Pero o somos tod@s burr@s o nunca hemos visto Laurence de Arabia.

Que conste que soy de las pocas que siempre pensó que el petróleo no era la razón de la belicosidad hacia Iraq. Ahora bien, aunque crea que el petróleo no fue la causa de la invasión de Iraq en 2003, sí que creo que la creación del Estado moderno de Iraq no se puede entender sin el petróleo. Por ello, entrar como se hizo, “como elefante en cacharrería”, y cargarse una estructura de gobierno y poder articulada en torno a un contrato social, cuya base era la distribución de las rentas del petróleo al conjunto de la población, sin crear nada nuevo, sólo podía llevar a la destrucción del estado nacional.
El Iraq contemporáneo tuvo su origen en la desintegración del Imperio Otomano y en el larguísimo proceso que culminó con los Acuerdos de Lausana, en 1923, cuando al establecerse las fronteras de Turquía, quedó fijado lo que el rey Faisal y los británicos ya habían pactado en 1922, que básicamente venía a decir que los británicos asesorarían en prácticamente todo al Rey Faisal, y a cambio él se comprometía a no ceder ni alquilar a ningún Foreign Power, ninguna parte de Iraq. Es decir que se salvaguardaba un Iraq unido, todavía bajo protectorado británico, en el que se unieron tres dispares provincias.

La integración de la provincia de Mosul, que ahora siempre se cita como la de la “patria” de Saddam Hussein, como si esa fuera la razón de lo que allí ocurre, fue una de las más controvertidas. Hasta que no quedó claro que su territorio quedaba dentro del ámbito de las concesiones de la Turkish Petroleum Company (TPC) (antecesora de la Iraq Petroleum Company), y, hasta que no quedó claro que la TPC estaba controlada por los británicos a través de la Anglo Persian Oil Company (antecesora de British Petroleum), ni Iraq ni la Industria Petrolera Internacional quedaron definitivamente establecidas.

La Iraq Petroleum Company se creó en 1929, su domicilio social estaba en Londres, y si exceptuamos las participaciones del “inefable” Calouste Gulbenkian y del gobierno Iraquí, los socios de la corporación fueron los antecesores de la británica British Petroleum, de la francesa Total, de la estadounidense ExxonMobil, así como la ya entonces – y ahora- Royal Dutch Shell. Una vez creado este consorcio, en 1930, los británicos otorgaron a Iraq, al menos sobre papel, la independencia. Así, como ha sido el caso de muchos de los países petroleros de la región –como también de otros del Norte de África- la creación del estado nacional fue pareja a la creación de una compañía petrolera nacional, bajo tutela de un consorcio internacional. Ello, en la segunda mitad de Siglo XX, se transformaría en unas compañías petroleras nacionalizadas, con acuerdos comerciales con los mismos consorcios petroleros internacionales que las habían creado.

Lo importante aquí es entender que, y no sólo para Iraq, en la mayoría de los llamados países –árabes- exportadores de petróleo la creación del estado, el establecimiento de las fronteras y la creación de las compañías petroleras nacionales han ido de la mano. En una primera fase, hasta los años 1960s y 1970s, el pacto era que los consorcios internacionales “pagaran” a unos dirigentes que mantenían cohesionado el territorio (en este sentido la historia de ARAMCO, la compañía saudí, es extremadamente ilustrativa); y, en una segunda, por necesidades de mercado de las economías occidentales, se toleró a los dirigentes distribuidores – rentistas, que crearon un contrato social a través de la distribución de la renta del petróleo a la población. Así, el signo de identidad nacional era ser –directa o indirectamente- receptor de la renta del petróleo. Así se crearon los ciudadanos de los nuevos estados petroleros. Ciudadanos que se consideraban de un mismo país por recibir las rentas del subsuelo del territorio común; y ciudadanos que se modernizaron al convertirse en consumidores –de bienes- occidentales. Por ello, las compañías petroleras nacionales se convirtieron en el principal instrumento de intervención nacional. Es cierto que la otra cara de la moneda ha sido mantener en el poder a perdurables dirigentes autócratas, aunque ha ayudado –y mucho- a mantener bajo el manto de la unidad nacional, territorios y colectivos muy dispares.

Entre las muchos desatinos de los que podemos culpar a los ingenuos, pre-ilustrados, dogmáticos y extremadamente peligrosos neocons en todas sus ramificaciones y a sus ideólogos, los integristas economistas ultra-neoliberales, cabe no haberse dado cuenta, que más allá de la “ineficiente” gestión política del petróleo, las compañías petroleras nacionales en la mayoría de los países árabes de la OPEP, eran la base de la unidad territorial-nacional. Todavía recuerdo el sentido, no la literalidad, de las declaraciones de Paul Bremer en 2003 diciendo que en Iraq democracia y privatización del petróleo iban de la mano. Así, esta visión muy simplista, pero muy en boga en esos años, representada a la perfección por think-tanks, como el Heritage Foundation, ayudaron a desmembrar Iraq, pues despedazaron al instrumento que lo cementaba: su compañía petrolera nacional. Es más, tan grande ha sido el destrozo, que en el impulso se ha expulsado, también, a los históricos consorcios petroleros occidentales que, créanme o no, eran los garantes de la continuidad de este modelo.

Sigo pensando, y todo lo que ha venido ocurriendo lo confirma, que la invasión de Iraq no fue por el petróleo, pues con ella lo que se perdió fue el orden petrolero internacional que se gestó a lo largo del Siglo XX. Éste llevaba implícitas unas fronteras, unos estados y, evidentemente, unas alianzas internacionales. Hoy, todo está roto.

Aunque no me gustara este orden, aunque no me gustara lo que conllevaba, aunque la industria petrolera internacional me parezca “lo peor”, antes de ir cual Rambo por el mundo, creyéndose que las recetas de los economistas son la panacea para el mundo, estaría bien pararse a pensar; caso que no se pudiera, lo de pensar me refiero, al menos podrían ir al cine a ver Laurence de Arabia… Es lo más leve que se me ocurre decir, pues como he dicho al principio, estoy furiosa.

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El “milagro” de los precios del petróleo

Hoy el The Guardian publica un artículo explicando que Estados Unidos en 2015 sobrepasará a Arabia Saudí y a Rusia en producción de petróleo. Es decir que los Estados Unidos de América se van a convertir en el primer productor de petróleo del mundo. Ellos, claro, están eufóricos, pero los británicos, según cuenta el mencionado periódico, no tanto, pues ven como en Estados Unidos los precios del petróleo bajan, mientras que aquí no hacen lo propio. Es más la noticia relata que, según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía, Europa, por tener que pagar un petróleo relativamente más caro que el de EE.UU., perderá el 10% de la cuota de mercado mundial. Y cuenta, también, que esté diferencial de precios se mantendrá unos 20 años. Es decir, se dice que en las dos siguientes décadas el petróleo en el otro lado del Atlántico será más barato que en este.

Todo ello me suscita una pregunta. La pregunta es la siguiente: ¿Cómo puede ser que sea más barato el petróleo no convencional –más profundo y tecnológicamente complicado de extraer- que el que está en la superficie de yacimientos convencionales?, ¿Cómo puede ser que a Estados Unidos extrayendo petróleo más caro, se le abarate el mismo? Para mí, este es un misterio difícil de resolver. Se me ocurren varías explicaciones, no ortodoxas, pero todas ellas desmienten dos mantras energéticos: que lo relevante de la energía es el coste y que es la escasez -el haber alcanzado el pico del petróleo-, que obliga a acudir a las reservas “de frontera”, la que encarece el precio del crudo: pues, si es cierto lo que dicen, se está extrayendo petróleo caro que sirve para abaratar los costes energéticos de Estados Unidos.

En mi opinión, este “milagroso” hecho puede tener tres interpretaciones. Primera, nos han engañado durante años y la parte más relevante del coste del barril, no es cuánto cuesta extraerlo, sino todas las actividades vinculadas con el transporte y venta. Así, como Estados Unidos ya no tiene que traer petróleo de fuera, se le abarata tanto, que compensa con creces el mayor coste de extracción. Segunda, también nos han engañado, y Estados Unidos no estaba nutriéndose de un petróleo barato importado de Oriente Medio, sino de importaciones más caras de otros lugares del mundo. Por tanto, ahora al reducir sus importaciones, “su” petróleo nacional le sale relativamente menos caro que el de antaño. Y, tercera y última explicación: el precio del petróleo se fija por razones otras que los costes reales de extracción. De hecho, tiendo a pensar que esto es lo más probable, pues en otros momentos de la historia ya pasó. De una forma u otra se establece un precio que favorece más a los unos que a los otros. El único requisito para hacerlo es tener el poder suficiente para ello.

Para mí, que los tiros van por ahí. El otro día un gran amigo me mandó un artículo de Foreign Affairs, publicado el pasado 15 de Octubre. Éste es uno de los numerosos que estos días han salido a raíz de los 40 años del primer shock del petróleo. Este artículo sostiene que la interpretación que los estadounidenses hicieron de este hecho fue errónea, pues, y cito literalmente, contrary to popular belief, the United States has never really been dependent on the Middle East for its supply of oil — today only nine percent of the U.S. oil supply comes from the region. At no point in history did that figure surpass 15 percent. Rather, the crux of the United States’ energy vulnerability was its inability to keep the price of oil under control

Por tanto, lo que nos dice este extracto es lo siguiente, el problema no fue la escasez física de crudo, el problema es que al tener que importar petróleo –piénsese que hasta 1971, EE.UU. no lo hizo-, aunque éste fuera abundante y barato, se perdía la posición en la que unilateralmente se podía influir sobre el precios, en función de sus necesidades. El matiz es importante, pues significaría que la “dependencia del petróleo”, de la que tanto se ha hablado, no es otra cosa que no ser el que tiene el poder suficiente para modelar “el mercado” –si eso existiera- a su propia conveniencia. Desde esta interpretación, da igual si el precio es alto o bajo, siempre y cuando sea lo alto o bajo que “a mí” me convenga. De hecho, creo que se trata de eso. El éxito del fracking no es que se añada más cantidad de crudo al pool: el éxito del fracking es que si nos conviene nos podremos separar del mercado internacional, fijando para nosotros los precios que nos convengan; o, alternativamente, el éxito del fracking es que tenemos –o los demás creen que tenemos- una capacidad excedente que, caso que no nos conviniera el precio internacional, podríamos modificarlo. Es decir, sustituir a Arabia Saudí, en su rol de swing producer. De paso, además, en este momento geo-político tan complejo, ello, les sirve para decir que se pueden liberar del fardo de la política en Oriente Medio, para concentrarse en “el futuro”: el Pacífico.

Estoy bastante convencida que se está jugando una partida de poker, la única duda es si estamos ante un farol o un as bajo la manga. El tiempo lo dirá, pero por ahora, ellos parecen creer que todo esto es verdad y, en este lado del mundo, también.
Lo que ahora está ocurriendo es que nos estamos desacoplando. Estamos dejando de movernos en el mismo sentido, y proporción, en función de la evolución de los precios internacionales del crudo. Si todo ello fuera cierto, el resultado será que Estados Unidos tendrá la capacidad de influir sobre el precio del petróleo para modificar “nuestras” posiciones relativas. Es decir, dejaremos de pertenecer al “mismo” bando. No sé valorar cuánto puede haber de bueno y malo en ello, pero un consejo. Si de verdad ocurre y de verdad los gobiernos y la industria energética europea no quiere cambiar de modelo energético, al menos aprovechemos lo bueno, de lo que ya hay ¿Por qué, en vez de gastar dinero inútil en fracking, no se compra más petróleo de Oriente Medio? Es más barato y bueno que el de USA y los saudíes, cual amante despechado, tal vez nos lo vendieran. No pasará, pero pensarlo es divertido.

Egipto vs. Argelia

Me he resistido bastante a escribir sobre esta cuestión en este blog, pero como dice el refrán, “la cabra tira al monte”, y ante las cada vez más frecuentes comparaciones entre lo que ocurre en Egipto y lo que ocurrió en Argelia en la década de los 1990s, no me he podido resistir. En Argelia, después de la victoria del Frente Islámico de Salvación (FIS), se produjo un golpe de los militares, aplaudido y jaleado por las cancillerías occidentales, que condujo a una guerra -contra la población- civil de cientos de miles de muertos y que, además de dejar al país sin esperanza de cambio interno, inició la vía hacia la globalización de la economía argelina; o si se prefiere su desopepización. Éste, tal vez, haya sido uno de los aspectos menos tratados de la crisis argelina, pero, llanamente, Argelia se acostó, antes de las elecciones, petrolera y emergió gasista, un lustro después. Puede que a alguien le parezca lo mismo que un país, miembro de la OPEP, pase de ser exportador de petróleo a ser exportador de gas; puede parecerlo, pero no lo es. Someramente, diré que hay tres diferencias fundamentales. La primera de ellas es de orden geo-político: la OPEP, por sus relaciones privilegiadas (se diga lo que se diga) con los países –consumidores– de la OCDE, era la garantía de la occidentalización del Mundo Árabe; con el gas las cosas son distintas, pues se realizan contratos y alianzas bilaterales, y no por pertenencia a un determinado grupo o bloque. En segundo lugar existía un acuerdo, desde que en los 1970s, Estados Unidos, pasara a adquirir petróleo en el “mercado internacional”, de reparto de la renta mundial, entre países de la OCDE ( y aquí incluyo, claro, Japón y Corea del Sur) y países productores, que se ejemplificaba en que los países de la OPEP eran dueños de su renta, siempre y cuando vendieran el petróleo a quién tocaba e invirtieran y compraran en lo que tocara, en Occidente; una vez más, con el gas -y con el mundo de hoy- este pacto ya no existe. Basta mirar donde invierten hoy los fondos soberanos o pensar que desde el fin del “bloque del Este” y la “emergencia de Asia” el reparo de la renta mundial ha de ser distinto, para comprender que las cosas han cambiado. Por último, a nivel interno, la extracción y venta de petróleo formaba parte de una política nacional – para el conjunto de la Nación, hoy su enfoque es mucho más micro, de alianzas empresariales, por encima de las políticas energéticas nacionales. Dicho sea dicho de paso, tanto de los productores como de los consumidores.
Probablemente sea esa ya no pertenencia a un “bloque”, sean esos nuevos destinos y formas de exportación de la “renta” de los hidrocarburos, y la micro-concepción de la explotación de los hidrocarburos, los rasgos más característicos de la globalización de las otrora economías petroleras. De ahí que, en el “mundo de la OPEP”, al menos en el Árabe, haya mucho que perder si el mundo de ayer se viene abajo: pérdida de influencia, pérdida de renta, pérdidas de alianzas….en definitiva, pérdida de poder. Mal que les pese a los Argelinos, a ellos ya les ocurrió, pero parece estar pasando en todo el “tradicional” Mundo Árabe. Ya he hecho referencia a ello en anteriores entradas, pero, hoy, leyendo este artículo del New York Times, no me ha quedado ninguna duda. Lo dice mi gran amigo Rob Prince, en Egipto se está librando, también, una lucha por la hegemonía y los equilibrios en el Mundo Árabe, de ahí que los religiosos saudíes, junto a los no menos creyentes israelíes, apoyen a los “laicos” golpistas; mientras los Qataries y Turcos están más próximos al otro lado: el viejo mundo, frente al nuevo.
Mirado con retrospectiva, Argelia fue el primer acto de este cambio -lo que he llamado desopepización-, ¿será Egipto el final de esta tragedia?
El mundo de hoy es muy distinto del de los primeros 1990, aunque es su consecuencia. De ahí que la forma de lo que ocurre en Egipto, como reiteradamente viene repitiendo Ignacio Cembrero en El País, se parezca cada vez más a lo que ocurrió en Argelia. De lo que él dice, a mi, sólo me queda añadir un aspecto, el económico. Está claro que Egipto no ha sido un país de la OPEP, pero después de Argelia es el segundo productor africano de gas. De ahí que, a la “chita callando”, estuviera entrando en ese nuevo mundo del gas, al que, ahora también, pertenece Argelia. De ahí, también la alianza con Qatar, el rutilante actor de este mundo, y del cual, su anterior Emir apoyó a Morsi. De ahí, una vez más, que podamos especular que el desafortunado Gobierno de los Hermanos Musulmanes, mientras realizaba una pésima y regresiva gestión política interna, cambiaba los grupos de poder económico del país. Esto es lo que también ocurrió en Argelia. Hizo falta una sangrienta represión y muchos apoyos externos, para que cuando Bouteflika apareció como el “conciliador” de el país, las élites económicas tuvieran que aceptar nuevas reglas -recuérdese el extraño y postergado cambio de la Ley de Hidrocarburos en el primer lustro del 2000- y la economía argelina se hubiera globalizado. Egipto lleva el mismo camino, pero el significado geo-político de Egipto y del Canal de Suez, es infinitamente mayor, pues aquí ya sin ninguna duda, como apuntaba en mi entrada anterior, globalización significa desoccidentalización. Por ello, probablemente, esos extraños compañeros de viaje que son Arabia Saudi e Israel estén en el mismo barco, remando con Sisi y cia., pues ellos fueron los grandes ganadores en la región del mundo no global de Occidente.
Desde este punto de vista, en las formas y, quien sabe, resultado final hay una gran similitud entre lo ocurrido en Argelia y lo que, hoy, acaece en Egipto. La gran diferencia, además de 20 años, es que en este juego que se inició en Argelia, ésta era un peón, mientras que Egipto es, al menos, la dama.

Qatar, Arabia Saudí y Egipto: ¿nuevo orden frente al viejo?

Sin duda, una de las noticias de hace un par de semanas fue la abdicación del emir de Qatar, Sheikh Hamad bin Khalifa al-Thani en el principe heredero Sheikh Tamim bin Hamad al-Thani,. Este hecho fue calificado de insólito en la prensa y medios de comunicación. El FT habla de un hecho aislado en las petromonarquías del Golfo, y el The Guardian de un raro ejemplo. Reflexiones similares se podían encontrar en Le Monde y en El País. Entre líneas, en algunos de estos medios, se sobreentiende que este hecho, además de insólito, es una muestra más de la “modernidad” de Qatar, frente a los “tradicionales” países de la OPEP.

Sin duda, también, la noticia de esta semana es la crisis y golpe de estado en Egipto, en un escenario que, desde Europa, recuerda al de Argelia de los años 1990s. Hoy, salta la noticia que Arabia Saudí y Emiratos Árabes, respaldan este golpe con 6.650 millones de dólares. Curioso, pues Qatar, hace unos meses hizo lo propio con el gobierno encabezado por Morsi.

Todo esto, ¿indica algo? Personalmente, creo que sí.

Aunque se hable de el Qatar moderno, frente a los “tradicionales” países petroleros de la OPEP, y aunque no soy, ni de lejos, una especialista en Qatar, me atrevo a hacer alguna reflexión sobre las supuesta modernización de la economía de Qatar. Una rápida mirada a sus principales indicadores macroeconómicos, me indica que a grandes rasgos, hay poca diferencia entre la economía qatarí y la de cualquier país petrolero tradicional. Se puede hablar de diversificación, pero casi el 60% de su PIB tiene como origen el sector del petróleo y el gas; casi el 70% de sus ingresos fiscales se deben a la fiscalidad energética; sus quasi única partida de las exportaciones de bienes es petróleo y gas y su balanza de transferencias (remesas de emigrantes) es negativa, así como las exportaciones de capital, en todas sus formas. Si miran estos mismos indicadores para Arabía Saudí, Kuwait o cualquier otro, verá que son muy y muy similares. De hecho, todo ello indica que la principal -por no decir la única- fuente de excedente qatarí son los hidrocarburos, como en cualquier otra economía exportadora de recursos energéticos.

Por tanto, si ello es así, la cuestión es qué ocurre, para que no deje de hablarse de Qatar, mientras Kuwait -e incluso Arabia saudita- parece haber desaparecido del mapa, o al menos de los papeles. Para mi, además de la suerte, para Qatar, de ser un mini país con unas maxi bolsas de gas, lo que le da unos ingresos energéticos per capita superiores a cualquiera de sus vecinos y le permite, relativamente, tener unos excedentes de renta -o de capital- astronómicos; lo que ocurre es que Qatar, siendo un país equivalente a sus vecinos, es un país petrolero emergente, mientras que los otros representan al “antiguo orden”.

Hoy, Egipto nos da un ejemplo de ello. Piénsese que mientras se sucedían las revueltas, algarabías y guerras civiles en el Mundo Árabe, salvo cuando Arabia Saudita lo consideró una cuestión de seguridad nacional, ha mantenido un perfil muy bajo. Mientras, Qatar ha estado más que activo, apoyando y financiando a los líderes emergentes, aunque fueran los “viejos” hermanos musulmanes de Egipto. De hecho, en este país, en el que entre el 50 y el 60% de sus exportaciones son de gas, Qatar no tuvo ningún empacho en realizar acuerdos y financiar el tesoro egipcio con la compra de bonos por valor de 3.000 millones de dólares.

Pero, cuál es la diferencia entre lo que representa Arabia Saudí y lo que es hoy Qatar. Arabia Saudí es un país, que como tal, nace en los años 1930 a la sombra del Rey Saud y de la ARAMCO, la actual compañía nacional de petróleos saudí, cuyo acrónimo significa ARabian AMerica Company of Oil. Así que por mucho que pese a los europeos, es un país creado para y con el orden petrolero -internacional- americano. Fue el paradigma del país “energético” del nuevo mundo que surgió después de la Segunda Guerra Mundial. En cambio, Qatar es un país que sale a la palestra con dos de los hechos símbolos del fin del euro-atlantismo en las relaciones energéticas internacionales (unas relaciones fundadas en unos países cuyas exportaciones de petróleo se dirigen a los países de la OCDE). Éstos son, la creación de la cadena Al-Jazeera en 1996 y el inicio de la exportación de gas natural liquado (GNL) en 1997. Curiosamente, en menos de un año, en Qatar se inician dos cosas que sin tener relación aparente, ponen en crisis la tradicional relación entre Occidente y las petromonarquías del Golfo, pues Al-Jazeera cuestiona el discurso mainstream desde y sobre la región; y la posibilidad de exportar gas fuera de los canales petroleros tradicionales, muestra la posibilidad de un nuevo tipo de relaciones energéticas internacionales.

En retrospectiva, más curioso aún es que ambos hechos coincidan en el tiempo con la crisis asiática de 1997. Crisis que supuso la desemergencia de parte de Asia, especialmente Japón, y la llamada emergencia de -otra- Asia. Con esta coincidencia de fechas, aunque éste sea un ejercicio meramente especulativo, quiero señalar que la moda Qatar se produce al mismo tiempo que el surgimiento de ese “nuevo mundo emergente” que gira hacia el Pacífico y el Índico. Mientras, desde este punto de vista, Arabia Saudita veía como sus asideros de poder en al arena internacional se desvanecían.

Tampoco soy una experta en Egipto, pero, de lo que voy viendo, entiendo una cosa. Las élites islamistas -aunque su origen se remonte a los años 1920, en Egipto o en Argelia- representan la financiarización de las economías árabes, han sido, en contraposición a las anteriores, las impulsoras de las políticas gasísticas -a gran escala- y son las que han sido apartadas, mientras occidente veía a los países árabes (lo fueran o no) como unos exportadores de petróleo, cuyo único destino era que su savia pasara por el Canal de Suez, el Mediterráneo y el Atlántico. No defiendo ni a los unos ni a los otros, pero, sospecho que deberíamos darle alguna vuelta a la idea de que los poderes islamistas son los portadores del “nuevo orden” al Mundo Árabe y Musulmán.

Es una intuición, no está razonado, pero algo de ello debe haber cuando desde Europa, la gran perdedora del “nuevo orden”, se aplaude tan acríticamente el golpe de estado de Egipto, y cuando Arabia Saudita, el más ortodoxo, entre los ortodoxos, apoya a unos militares “laicos”, frente a un gobierno religioso (Por cierto, no me vale que me digan que no es del mismo color…). No sé, todo esto, tal vez, es una gran tontería, pero hoy, al leer el periódico, es lo que me ha venido a la cabeza.

Quo Vadis Europa

El mismo joven amigo que hace unas semanas me mandó un par de artículos del The Economist, hace unos días me mandó un artículo de Karel Beckman, editor en jefe de la European Energy Review, cuyo título es How unconventional oil and gas are turning 2013 into the Year (Even more) Uncertainty (no adjunto enlace, pues hay que estar suscrito a la revista, para poder acceder a sus artículos). El título del mensaje de mi amigo es “gran overview”. Y, desde luego, lo es. En siete páginas, el autor hace un recorrido extremadamente ilustrativo de los cambios geo-políticos, que la irrupción de la energía fósil no convencional, está suponiendo a escala mundial. Se esté, o no, de acuerdo con su visión sobre la energía fósil, es un artículo muy lúcido.

La tesis del artículo se resume en:

1) La irrupción del shale gas y la apuesta que Estados Unidos ha hecho por él, está implicando un cambio trascendente en las relaciones internacionales y, por tanto, en la geo-política mundial.

2) Ello -aunque no estaría claro qué va primero- ha ocasionado un cambio en la estructura de gobernanza internacional de la energía. Es decir en las relaciones -de poder – que se daban entre los tradicionales países productores (la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP), las grandes compañías energéticas internacionales (fueran las privadas, International Oil Companies, o las nacionales), y los países consumidores (los que se agrupan en torno a la Agencia Internacional de la Energía, IEA)

3) Este cambio en la estructura de gobernanza internacional ha ocasionado que todos estos actores “muevan ficha”, intentándose adaptar a las nuevas circunstancias, salvo Europa.

Esta es la idea general. Sacando punta a la explicación que da Karel Beckman, personalmente, extraigo alguna conclusión adicional que, creo, es bueno descollar, pues ayudará a interpretar algunas de las claves de los acontecimientos contemporáneos.

1) La política que Estados Unidos -y las Américas, en general- están haciendo en relación a la explotación de energías fósiles no convencionales es el fin del Atlantismo en las relaciones energéticas internacionales. Las razones:

a) si el primer importador de petróleo del mundo considera que depende en menor medida de las reservas de petróleo de Oriente Medio, el vínculo histórico entre los consumidores europeos, los productores del Golfo Pérsico y la economía de Estados Unidos de América, se rompe, y

b) si como declaraba Hillary Clinton en Foreign Policy, ha llegado el momento de hacer inversiones similares en el Pacífico que las que se hicieron en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, es más que plausible que ello se convierta en “ayudas” energéticas equivalentes a las que se hicieron en Europa, entonces, vinculándonos, a través de la OCDE, a la Agencia Internacional de la Energía. De hecho, el propio Beckman podría apuntar en esa dirección cuando escribe China is unlikely to be able and willing to take over from the US as yet. Although Bejing knows it can’t keep getting a free energy lunch off the US military table

En definitiva, el espacio geo-energético Europeo, está perdiendo peso en -lo que será- la nueva estructura de gobernanza internacional de la energía. Está perdiendo poder en ella y está perdiendo poder la institución energética que era su paraguas, la Agencia Internacional de la Energía, pues esta es una agencia. creada en el marco de la OCDE, que es la sucesora de la OECE (Organización Europea para la Cooperación Económica), resultado del Plan Marshall.

2) El revuelo que la irrupción de los fósiles no convencionales puede ocasionar en los “tradicionales” espacios de intercambio internacional de energía, y con ello sobre los precios del petróleo y del gas, puede suponer una gran mutación -no el fin, pues son como el Ave Fénix- en las tradicionales compañías energéticas occidentales o atlánticas (ExxonMobil, Royal Dutch Shell, British petroleum….), que podrían pasar a vender a China o invertir en el transporte del gas y petróleo no convencional, para no perder su hegemonía en las actividades aguas abajo.

Es plausible que ante el giro hacia el Pacífico de Estados Unidos y unas inversiones más que inciertas -no por los atentandos terroristas, sino por la competencia de sus “hermanos” menores en Dakota del Sur-,  las grandes de la industria internacional se dejen de proyectos quiméricos de transporte y almacenamiento, que en la mente de los promotores debían cruzar vastos espacios terrestres y marinos para abastecer el mercado atlántico-occidental.

Para mi esta idea se refuerza viendo el bonito gráfico que el Transnational Institute nos ofrece a través de The Finance and Fossil web, en la que claramente se ve que las majors energéticas están controladas -y controlan- por los grandes grupos financieros internacionales. Desde este lógica es muy improbable que un accionista financiero haga una apuesta a riesgo, y a muy largo plazo, para construir unas infraestructuras cuya rentabilidad a corto plazo es nula y, a la largo, imprevisible.

Una vez más, las consecuencias para Europa son preocupantes, pues si “nuestras” empresas cambian de estrategia ¿quién se ocupará de la seguridad de nuestro suministro? ¿quién construirá esos extraordinarios fueloductos como el Nabucco?…Piénsenlo, no es banal.

Hay mucho más que pensar, pero para una entrega basta. Sólo añadir que si aplicamos este pensamiento del fin del atlantismo energético -internacional- podemos empezar a entender algunas cosas que, con nuestro esquema interpretativo habitual, nos parecen muy raras. Por ejemplo, porqué China es la gran beneficiaria del crudo resultante de la invasión de Iraq, o porque Francia ha acudido rauda a Mali.

Lo dice implícitamente Hillary Clinton cuando escribe lo siguiente, As the war in Iraq winds down and America begins to withdraw its forces from Afghanistan, the United States stands at a pivot point. Over the last 10 years, we have allocated immense resources to those two theaters. In the next 10 years, we need to be smart and systematic about where we invest time and energy, so that we put ourselves in the best position to sustain our leadership (…) over the next decade will therefore be to lock in a substantially increased investment — diplomatic, economic, strategic, and otherwise — in the Asia-Pacific region. Y, lo dice explícitamente mi amigo y colega Robert Prince en su blogThe Obama Administration (…) with its eye on an Asian-Pacific military buildup, Washington, itself, is unwilling to send U.S. troops (other than some Special Forces types we have to assume are involved) to Mali. Hollande’s willingness to act as the Sahara’s Netanyahu suits the Obama Administration (…) If this part of the scenario is accurate then there is another way to consider French military actions in Mali: little more than a pre-emptive, defensive military maneuver meant to keep China out of Mali (and Niger and Chad among other places)…

Con todo ello, mi interpretación es:

1) Estados Unidos ya no va a invertir directamente en “asegurar” la estabilidad en el territorio MENA (Middle East and North Africa), pues el petróleo le interesa menos y sus ojos están en el Pacífico

2) Tiene una mentalidad de super-potencia y, aunque esté dispuesta a hacerles favores a los Chinos, tales como facilitarles el petróleo del territorio MENA, no está dispuesto a que China ocupe los lugares que va dejando vacíos

3) Algunos países europeos, intentando asegurar su suministro energético -o el control de recursos vitales en el Norte de África- se están convirtiendo en los gendarmes de Estados Unidos en el vasto territorio del Sahara.

El problema de ello, es que esta actuación individual, subordinada a una estrategia de “retirada” de Estados Unidos de esta parte del mundo, sólo se ha hecho para dejar a un peón in situ. El peón, sin embargo, se equivocó, pues, tal como yo lo veo, en ese contexto de desatlantización de las relaciones internacionales, su presencia en Mali sólo conducirá a una mayor fragmentación de Europa. Pues, sea o no sea verdad, desde Europa no se entiende que en un momento como el actual se inicien “cruzadas” neo-coloniales que, cada vez más, se interpreta, Francia ha realizado para defender “su uranio”.

Honestamente, si esta es la forma como Europa, o algunos de sus países se adaptan al cambio del que nos habla Karel Beckman, mejor,  lo dejamos, ¿no?.

¿Para cuándo las relaciones de poder en el análisis energético?

Recientemente el OECD Observer ha publicado una entrevista con Fatih Birol, actualmente Economista Jefe y Director del Global Energy Economics, International Energy Agency (IEA). En esta entrevista, Fatih Birol, que además de su actual posición, fue autor de un artículo que divulgó un concepto de pobreza energética, que ha creado escuela, argumenta que los precios del petróleo están aumentando por dos razones: a) por la demanda de crudo de países como China e India, y b) por los costes crecientes de extracción del crudo, en un contexto en el que para lograr nuevos barriles de crudo se ha de ir más lejos, perforar a mayor profundidad o extraer petróleo no convencional.

No negaré ninguna de las dos razones que el economista jefe de la IEA nos da, pero desde mi punto de vista, su explicación es incompleta. En la misma frase en la que nos dice que estas son las causas de que el precio del petróleo aumente, se escribe lo siguiente:  You might remember that they dipped to just above $30 per barrel in the midst of the financial crisis at the end of 2008. Since that time oil prices have averaged more than $90, which is triple their average in the two decades prior, and are currently above $100.That high oil prices have been sustained reinforces an important message (…) the era of cheap oil is over.

Hay una contradicción en esta explicación. Si se dice que el precio sube porque aumenta la demanda y porque los costes de producción aumentan, lo lógico sería creer que desde 2008 hasta la actualidad, años en los que la crisis económica no ha hecho más que progresar, si no ha aumentado sustancialmente el consumo mundial de crudo -aunque los costes de producción se mantuvieran iguales-, el precio no debería incrementar significativamente. Pero, ello no es así. Y, aunque sea cierto -que yo creo que lo es- que la era del petróleo con coste de extracción bajo se ha acabado, en cuatro años las expectativas no se han modificado tanto. Con todo ello, quiero decir que no basta con los “típicos” argumentos económicos para explicar las causas de la subida y la de bajada de los precios del petróleo.

Según las estadísticas de la International Energy Statistics, el consumo de petróleo mundial en 2007-el año anterior al estallido de la crisis- era de unos 85.847mil barriles al día, en 2011 fue de 87.421. Si no me equivoco, esto implica un incremento de un 1,83% en el consumo, que debería traducirse en un bajo aumento de la demanda de crudo. Mientras se producía este moderado aumento del consumo mundial, ¿qué ocurrió con los precios? Éstos experimentaron grandes altibajos, pero como media podría decirse pasaron de, en torno, unos 60$/barril a unos 100$/barril. Aunque esta cifra sea menor de la que nos habla el Sr. Birol, significa que, frente a un potencial aumento de la demanda de menos del 2%, el precio aumenta un 66%. Estos datos deberían ser suficientes para cuestionar cualquier argumento que afirme que, en las condiciones actuales, el precio del crudo sube -como sube- porque aumenta la demanda -sea ésta de China e India o de cualquier otro lugar.

Una vez abandonado el argumento “objetivo” de la demanda, queda el otro: la expectativa de que el petróleo barato se acaba. Este es un argumento muy viscoso. Pues esta expectativa está en el discurso main stream de las relaciones energéticas internacionales, desde los shocks del petróleo de la década de los 1970s y desde que el Club de Roma publicara el informe sobre los Límites del crecimiento en la misma época. No voy a negar que el petróleo es un recurso finito; como tampoco voy a negar que cada vez es más difícil y costoso obtener petróleo “nuevo”. Lo que niego es que exista una relación positiva y directa entre la idea -la expectativa- de que ello va ocurrir y la evolución del precio del petróleo. Dicho de otro modo, no me creo que si el precio del petróleo ha pasado de 30 a 100, se pueda explicar sólo con este argumento.

Lamento que sea justamente uno de los divulgadores del concepto de pobreza energética el que haga estas afirmaciones, cuando actua como economista en jefe de la EIA. Justamente, si algo permite explicar este concepto es que un país puede ser pobre energéticamente, aunque sea extremadamente rico en recursos naturales. La razón de ello es que la pobreza energética es un problema de acceso al suministro energético; un problema de si se está, o no, conectado a las redes de aquellos que producen y comercializan la energía útil para el consumo final. Es decir, un problema originado por quién tiene el poder para decidir que “tú” eres un consumidor lo suficientemente solvente para merecer estar conectado a las redes de suministro. Por esta misma razón países de la OPEP son pobres, energéticamente hablando.

Ante ello, mi pregunta es ¿por qué cuando hablamos de pobreza energética, incorporamos el poder y cuando hablamos de precio del crudo, hablamos del mercado? Hablamos de un precio que sube o baja en función de cómo evoluciona la demanda y la oferta. Este doble rasero me da especialmente rabia, pues la recomendación que se deriva de este último diagnóstico es que la única solución es mejorar la eficiencia energética. Es decir que los consumidores finales (individuos o empresas no energéticas), consumamos menos energía para producir igual -o más- o para tener los mismos niveles de bienestar.

Es evidente que, al menos en esta parte del mundo, consumimos más de lo que necesitaríamos para vivir igual de bien y felices. En ese consumir en exceso, también se incluye el consumo energético. Sin embargo, mi pregunta es ¿si nuestro consumo fuera más eficiente, las grandes productoras del sector dejarían de presionar para que modelo de energía fósil siguiera vigente¿ y ¿dejarían de invertir en la explotación de -los costosos- yacimientos no convencionales y en la quimera de la energia fósil limpia? Hoy, ver que  Estados Unidos y las mayores petroleras del mundo están apostando por el petróleo y el gas no convencional no parece una muestra de ello. Por lo tanto, otra forma de interpretar el porqué del aumento de los precios del petróleo es pertinente.

Se puede decir que el precio del petróleo sube porque éste se acaba. Como si ello fuera una cuestión que está fuera de nuestro alcance. Pero, se puede decir también que el precio sube, porque ante el fin de la explotación fácil de un recurso finito, aquellos que durante años han basado su poder en la producción o el uso del petróleo, nos han convencido a nosotros, que dependemos de su suministro, de que la única opción posible es explotar, cada vez más, los más costosos recursos fósiles que quedan en el planeta. Piénsenlo, desde este punto de vista, el precio sube no porque se acabe el petróleo, sino porque frente a este hecho, algunos han decidido seguir explotándolo; sabiendo que tienen el poder -porque estamos conectados a sus redes- de rentabilizar el aumento de costes. Que suban los precios, porque se acaba el petróleo con bajo coste de extracción, no es el destino, es una opción de aquellos conglomerados de poder que llevan años lucrándose por su gran poder de mercado.

Cosas extrañas veredes o el extraño rumbo de Iraq

Ayer se presentó en Estados Unidos el informe especial sobre Iraq que, en el marco del World Energy Outlook, ha realizado, bajo la dirección del Dr. Faith Birol, la Agencia Internacional de la Energía de la OCDE (IEA en su acrónimo en inglés). Se presento en el CSIS, y los ponentes eran el mismo Dr. Birol y el embajador de Iraq en Estados Unidos.

No es que quiera contarles todo lo que hago, pero es que esta corta estancia en Estados Unidos me está sirviendo para confirmar, lo que ya sabía, que el mundo no es ya lo que era, y que asistimos a cosas, hasta ahora impensables, porque no formaban parte de nuestra visión del mundo. Sé que estoy siendo un poco insistente con ello, pero es que, día tras día, esta idea se confirma.

No les voy a contar todo el contenido del informe, pues en la página web de la IEA, se pueden descargar el texto completo, pero sí que me gustaría compartir con ustedes la perplejidad que me causó alguna de la información que allí se dio.

En el informe queda claro, y parece que es una previsión menos optimista que la del Gobierno de Iraq, que la producción de Iraq podría pasar de los 3 millones de barriles al día actuales, a más de 8 millones en 2035. Ello representa casi el 45% de lo que se prevé que aumentará la producción de petróleo mundial, de aquí a 2035. Si además, se tiene en cuenta que Iraq es uno de los lugares del mundo donde el coste de extracción por barril es menor, una entiende que el petróleo de Iraq debería -todavía hay muchas incertidumbres- jugar un papel extremadamente importante en el panorama energético mundial. Hasta aquí, estos datos son “normales”. Es más, incluso podrían dar la razón a aquellos que, en su momento, argumentaron que la intervención de la coalición internacional en Iraq se debía al petróleo.

Pero esta razón se acaba, cuando se miran algunos otros datos que nos da la propia agencia de energía, la IEA, de los países occidentales. Pues con lo que les voy a contar, si de verdad detrás de la operación de Iraq había la intención de hacerse -aunque fuera metafóricamente- con el petróleo de Iraq, los datos indicarían que, en esto también, “salió el tiro por la culata”.

Si las previsiones de la IEA son acertadas, en su escenario central, cuando la producción alcance los ocho millones de barriles diarios, el 70% se destinaría a los mercados asiáticos, especialmente China e India. Es decir, en el escenario que se baraja, el primer destinatario del petróleo Iraquí será Oriente, no Occidente. Pero, todavía hay más. En este mismo informe se ve que en los nuevos contratos que se han otorgado, desde 2008, hay una fuerte presencia de compañías que no son las “tradicionales” compañías petroleras -occidentales- internacionales, aunque sea cierto que ExxonMobil, al menos sobre el papel, tenía una presencia muy importante. Sin embargo, hace tan sólo cinco días, esta compañía dijo que se quería ir de Iraq. Si ello ocurriera, el panorama energético de Iraq será muy distinto del que la mayoría de nostros imaginó hace tan sólo unos años. De hecho, sorprendentemente, una de las lecturas del informe es que el renovado maná petrolero de Iraq, en el próximo futuro, será gestionado por grandes empresas energéticas asiáticas y regionales, que exportaran hacia Asia.

Puede que todo sea una de mis fantasías energéticas, pero a lo mejor no es sólo la mía, pues, de forma sorprendente también, ayer, en la presentación -no así en las preguntas- en ningún momento se mencionó a Estados Unidos. Ni cuando se habló del petróleo ni cuando se habló del gas. En este segundo caso, de quién sí que se habló fue de Europa y de la propia región.

No sé, qué decirles, saquen ustedes mismos sus conclusiones, pero todo esto, también nos apunta hacia el cambio. Y, si éste no se materializa en la pérdida de la hegemonía de las empresas estadounidenses en el “mundo” petrolero internacional, al menos, y eso seguro, se materializará en la extinción definitiva de la OPEP; pues, como ayer tambien se comentó, ya me dirán qué va a hacer Arabia Saudí, si salen 6 millones de barriles, al día, más al mercado….¡Qué gran ironía, la vida! Tanto contraponer, a las grandes empresas transnacionales energéticas occidentales, las compañías nacionales de la OPEP, para, ahora ver, que ambas pueden acabar siendo las perdedoras de la nueva situación. En realidad, es lógico, pues ambas eran las dos caras de una misma moneda: el orden petrolero “internacional” de la Segunda mitad del Siglo XX.

Puede que no, que todo sea una ilusión y que el mundo seguirá siendo como antes, pero demasiados son los signos, ya, de que estamos presenciando lo que no pensamos fuera posible.