Shale gas subprime

Hace unos días, Carlos, un lector del blog me hizo llegar un enlace a un informe titulado Shale and Wall Street: was the decline in natural gas prices orchestrated? La autora de este informe es Deborah Rogers, persona que tiene un blog llamado Energy Policy Forum que, según ella misma cuenta, creó para valorar y debatir la política energética de Estados Unidos. En mi opinión, la información que se puede leer en el blog, es seria y contrastada.

El lector me recriminaba no haber tenido en cuenta el aspecto financiero del actual apogeo del Shale gas. Creo recordar que hice alguna mención a ello en El declive del imperio petrolero occidental, pero es cierto que no con la seriedad y detalle del informe de Rogers. Después de que él me lo recomendara a mí, yo se lo recomiendo a ustedes.

Aquí no les voy a contar todo el detalle del informe. La idea general del informe es que la presente situación de exceso de oferta de gas en Estados Unidos (y de bajos precios del mismo), tiene como origen las predicciones que los analistas financieros de Wall Street realizaron sobre la evolución del sector. Y, para nada, ésta expansión se justifica con las perspectivas reales del mismo. De hecho, como el mismo informa apunta, éstas son bastante malas, pues: a) aún con la más optimista de las predicciones el retorno energético de la inversión es muy bajo (cuántas unidades de energía se emplean para extraer una unidad adicional); b) se está ya produciendo un rápido declive de la producción; c) las grandes empresas del sector están mostrando una gran reticencia a invertir en nuevos proyectos o infraestructuras asociadas al shale gas; y c) no se producen ni los efectos económicos, ni tecnológicos esperados.

De hecho, todo ello ocurre, porque como mucha gente del sector viene diciendo, la supuesta revolución del shale gas o oil, consiste en cucharetear con fuerza en los rincones, con el fin de sacar a la superficie los restos. Pero, una vez el gas o petróleo atrapado ha salido, no hay que esperar un surtidor constante, como antaño. En el proceso de extraer el shale gas o oil, no hay ni nuevas reservas ni nueva tecnología. Ya, en un artículo de 1891 de Calouste Gulbenkian, publicado en la Revue de Deux Mondes, se habla de esta nueva técnica, ideada por el Coronel Roberts en 1862, quien para renovar los yacimientos agotados empleaba dinamita, con el fin de desagregar las paredes rocosas que se interponían. Esta técnica fue utilizada con éxito en 1866, y consistía en lograr una explosión subterránea mediante el lanzamiento de un lingote de hierro. Con ello se lograba que algunos minutos después, llegara a la superficie, al mismo tiempo que un ruido sordo, un líquido mezclado con fragmentos de roca. Así fue cómo se renovó el más abundante de los yacimientos de América

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Hoy en día, la técnica se ha modernizado un poco, pero la esencia sigue siendo la misma: dinamitar a gran profundidad, para romper las rocas en las que el petróleo o el gas se hallan presos. La diferencia, entre ayer y hoy, está en que cada vez hay menos qué liberar, y que cuando ya se ha logrado, no hay más gas o fluído que fluya hacia fuera. Ello obliga a una constante perforación en horizontal siguiendo las vetas del hidrocarburo, añadiendo superficie de terreno, cada vez que un”nuevo” pozo se seca.

Este proceso, el de la constante adqusición y perforación de nuevos lotes, que se van agotando, es el que ha propiciado Wall Street; creando una nueva burbuja para financiar las inversiones fallidas. Me explico, con el auge del shale gas, se hicieron muchas y cuantiosas inversiones. Inversiones que, por las razones que acabo de mencionar, en el mejor de los casos, tendrán resultados efímeros. Pero, para poder cubrir el importe ya captado -con fondos de inversión, de pensiones…- y poder pagar los dividendos o intereses, se necesita seguir creando liquidez, pues el resultado de la venta del gas, en muchos casos, no es ni suficiente para cubrir los elevados costes de extracción. Por ello, Wall Street intenta captar nuevos fondos. Sin embargo, para que ello ocurra hay que añadir nuevos lotes de terreno -sobre los que crear títulos- y hacer borbotar gas o petróleo a mansalva -para hacerlo creíble. Ambas cosas son las que han creado el exceso de oferta actual que, a la postre, disminuye el precio del gas, convirtiendo en todavía menos rentables las inversiones iniciales.

No hace falta tener mucha imaginación para aventurar  -además de las obvias ambientales- las consecuencias de ello, pues se han creado títulos sobre unos yacimientos efimeros y de mala calidad, a precios de yacimientos de gas o petróleo fetén. Y, evidentemente, como ya viene siendo habitual, si algún día, estos títulos, se quieren realizar, descubriremos -como con el caso de las hipotecas subprime- que los activos que los respaldan estaban sobrevalorados. Creando, así, la subsiguente crisis financiera; ocasionada por reservas subrime.

Lo “divertido”, en este caso es que ello tiene consecuencias geo-políticas. Este proceso ha conducido a un exceso de oferta -coyuntural, claro- que ha llevado a la tan cacareada disminución del precio del gas en Estados Unidos -incluso por debajo de los costes de extracción. Hoy, la consecuencia exterior inmediata de ello es una “falsa” exportación, pues no es que se venda fuera, por sobrar. Se vende fuera el gas, porque los productores americanos perderían dinero si lo vendieran en su país, por ello se aprovechan de unos precios internacionales más elevados. Ello crea la ilusión de que, como a finales del Siglo XIX e incios del Siglo XX, Estados Unidos será de nuevo país exportador. Pero, como vengo repitiendo -y cada vez más convencida- este es un el farol aunque, como ya se demostró hace unos días, nos los estamos creyendo,

Depende cómo se mire, da risa, pues toda esta burbuja, significa que el gran giro geo-político de Estados Unidos es una gran ilusión o una gran estafa. Así, la new era of American energy diplomacy basada en the vast new supply of natural gas in the United States es un bluff. !Qué crédulos somos los humanos!

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